viernes, 10 de junio de 2005

ESTRESADOS ESTUDIANTES



Estamos en tiempos de exámenes. A pesar de que los pedagogos y los cantamañanas de la educación hablan tanto de la evaluación continua, lo cierto es que cuando llega el mes de junio empieza el maratón de controles, exámenes y pruebas selectivas. De pronto al personal (sobre todo estudiantes, pero también a mucho profesorado) le entran las neuras porque tiene que hacer en pocos días muchas pruebas, o tiene que corregirlas, con lo coñazo que es eso.

Estamos ocho meses tocando el violón y de pronto hay que atarse los machos y demostrar la burricie o si hemos aprendido algo de provecho en el año. Y claro, llegan los atracones indigestos, las crisis nerviosas, los miedos ante los resultados y las consecuencias. No extrañará por tanto que uno se eche a la cara un periódico cualquiera y lea cosas tan graciosas como éstas:

“El mes de junio provoca el incremento de las consultas al psicólogo. Los exámenes traen la angustia a ocho millones de hogares. Opositores, universitarios y alumnos de secundaria consiguen con sus exámenes de junio transmitir sus nervios a toda su familia…. Nos puede el miedo al fracaso y las consultas del psicólogo se llenan”. (Qué Málaga).

Pues bueno, pues vale, pues sí. No damos un palo al agua en todo el año y luego llegan las apreturas en el último momento. ¿Pero que esperamos? En la educación se fracasa cuando previamente no se ha trabajado en condiciones, cuando no se han puesto los libros en la mesa un día detrás de otro, desde octubre hasta junio. Estamos todo el año comiendo como unos cerditos y cuando llega la antesala del veranillo nos entran entonces las neuras y las ganas de rebajar los kilos superfluos para poder lucir tipitos en playas y piscinas. Muchos y muchas emprenden las dietas más estrictas y peligrosas para abandonar esos kilazos de más. Luego pasa lo que pasa. Pues algo así les ocurre a la mayoría de estudiantes, pero al revés. No les hincan los dientes a los libros y apuntes a lo largo del año, y cuando llega el calor y el fin de curso, como están ayunos de conocimientos, saberes y otras gaitas, se han de dar los pobres unos apresurados atracones de comida libresca para poder aprobar. Y agarran unas indigestiones de no te menees. Si es que estamos como cabras.

Sigo leyendo el periodiquillo: “Los jóvenes viven momentos de estrés sobresaliente. Algunos jóvenes caen en la droga ante el agobio. Los opositores llegan al límite de la resistencia. Las casas pasan a ser un caos de orden, horarios… Muchas familias son un polvorín a punto de estallar….” ¡La pera y repera! Nos ponen un examen un poco fuerte y se nos viene el mundo abajo. ¿Dónde está el psicólogo, por fa, que tengo la selectividad y estoy muy estresado? ¡Menuda sociedad avanzada, libre, feliz, culta y ecétera! Jo, ¡si hasta tengo miedo de que alguien me pare por la calle, me diga que si tengo hora, le conteste que no y mi negativa le acarree una depresión de caballo! Tenemos tan bajas las defensas físicas y psíquicas que a este paso va a ver que prohibir por decreto todo aquello que nos pueda provocar un poco de estrés, de esfuerzo o de negatividad. Si mi abuelo levantara la cabeza y viera a esta pandilla de inútiles blandengues, se volvía de cabeza a su sepultura. Yo mismo, aquí donde me leen, hice con 10 añitos el examen de ingreso al Instituto, a los 14 una reválida para poder acceder al Bachillerato Superior y luego otra reválida para acceder a la Universidad. Y no sigo para no presumir. Fuimos miles y miles los que vivimos con tranquilidad estas epopeyas sobrenaturales (así se catalogarían hoy día) y que yo sepa jamás fuimos al psicólogo, ni se nos quedó traumatizado el cerebro ni nos volvimos tontitos o nuestras pobres familias se tiraron la vajilla por la cosa de los nervios. Quizás es que ahora nos sobran caprichos, nos hemos vuelto comodones, nos faltan motivaciones y lo tenemos todo demasiado fácil y a mano, mientras que por dentro andamos cada vez más huecos e indefensos. Menuda birria somos.

Así que, a falta de curas y sacerdotes, bien venidos sean psicólogos y demás albañiles de la psique para ayudarnos a superar el trago, las frustraciones, las exigencias de junio y la posible depresión y estrés consiguientes: “CONSEJOS PRÁCTICOS para el sprint final: No más de dos horas sin descansar diez minutos; con luz natural se estudia mejor que de noche; plátano y queso ayudan a la memoria; mejor comidas ligeras, verduras y legumbres; ni acostado ni con música; se necesita un plan de estudios y un horario que cumplir…”.

¡Encima nos toman por imbéciles! ¿Tiene usted sed? Pues mire: abra el grifo, sí ese cacharro que hay encima del fregadero; déle a la palanca y verá que de su agujerito sale un líquido incoloro e inodoro. Agarre un vaso que está….. (No sigo porque espero que el lector inteligente haya entendido el mensaje y la comparación). Eso sí, todo está controlado y medido. “En junio baja la asistencia a bares y discotecas hasta un 20 %”. Pues ahí está el problema, amiguitos. Que la asistencia durante todo el curso académico debería ser la misma que en junio. Otro gallo nos cantaría.

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