miércoles, 4 de junio de 2008

QUIEN FUERA TORO

El mismo día que escribo esta Parida tiene lugar un acto propagandístico en el Parlamento Europeo en defensa de los toros. La función ha estado a cargo de varios toreros y algunos políticos en vista de que esto de las corridas empieza a provocar alergia y alarma en gentes excesivamente sensibleras y tiernas cual flan de huevo. Coincide el asunto con el lanzamiento de una campaña publicitaria cuya portavoz desnuda es la presunta cantante Alaska. “La tauromaquia no está bien para nada, así que debía hacer algo, y mi manera de hacer las cosas es no callármelas… y decir lo que pienso a todo aquel que quiera escuchar. No tenemos el derecho a hacer daño a nadie – ni a un niño, ni a un perro, ni a un toro”. Pues vale, pues ya lo has dicho, pues que no te duelan las banderillas del anuncio…


Así que como aquí solemos tomar al rábano por las hojas y al toro por los cuernos, sobre todo si se trata de ser incorrectisimos y frescachones en el ámbito de las ideas y la politiquería, vamos a decirlo bien clarito: en la próxima reencarnación, si nos toca convertirnos en pobres animales, que sea en un toro. Expliquemoslo para aquellos que sufren tanto por este pobre animalico, mientras se comen golosamente un foie gras a las ricas hierbas o un muslo de pollo a la remanguillé.


El torito bravo, desde que nace, es un animal más mimado que Mimosín. No en balde dará sus buenos euros si al final acaba desorejado en una plaza de sol y sombra. Hay que cuidar al diamante en bruto. Para ello tiene a su disposición todo lo que jamás tendrá otro animal de la competencia: libertad para moverse por la amplísima dehesa, comida garantizada, cuidados médicos, sexo a manta, seguridad de que ningún otro bicho –incluido el humano- le va a tocar un pelo del bigote y una vida plácida, relajada y tranquilota que ya la quisieran para sí muchos humanoides. Todo ello sin perder un ápice de su bravura y casta porque si te relajas entonces el ganadero se cabrea ante la mala perspectiva del negocio y la posible ruina: nadie quiere toros mansos. Si este tipo de vida tan bucólica, placentera y segura no es envidiable, que venga Alaska con los Pegamoides y que nos ponga otros ejemplos. ¿Quizás el del pollo que desde que nace está hacinado en una jaula comiendo día y noche sin parar para engordar el buche y pasar a formar parte del paisaje de un plato con tenedor y cuchillo, previa descarga eléctrica o rebanamiento de cuello? ¿Es mejor vida que la del toro la del aprovechable cerdito, siempre lleno de mierda, comiendo de todo y engordando hasta reventar para acabar patas arriba y con el vientre abierto de par en par previa muerte a traición, sea a manos de un sucio cuchillo o de unos limpísimos electrodos? ¿Es buena vida la del animalito o animalazo que vive en la selva selvática, donde a poco que te descuidas te devoran unas zarpas rivales o te abate una bala del calibre 25 a manos de un animal llamado “hombre” o “mujer”? ¿Es maravillosa acaso la vidilla que se pega el pajarito encarcelado en su minúscula jaula, en un quinto piso de una avenida ruidosa, teniendo que aguantar las memeces que le dice su dueño/a y el pésimo alimento que le suministra? ¿Y qué decir del domesticado perrucho, al que tratan como si fuera un bebé humano, con el asco que le da semejante comparación?


A ver, Alaskita de mi alma y mis entretelas musicales: ¿tú qué prefieres ser? ¿Un pececito paria dentro de un gigantesco banco marino, que será engullido anónimamente por cualquier tiburón de agua salada o por un bípedo comensal de restaurante de cinco puñales? ¿O prefieres ser un pobre gato de uñas recortadas, maullador a falta de valentía y amor propio, destinado a oler los pedos de sus dueños hasta que le llegue la modorra final? ¿O quizás te encantaría estar en un zoológico, rodeada de todo tipo de bichos y vecinos que te importan un pimiento, siendo pasmo todos los días de las miradas bobaliconas de unos humanoides que se ríen de tu tristona figura? Por favor, usemos la cabeza para algo más que para ponerla en la almohada. Para vida aristocrática, feliz, sana y alegre (que se lo digan a las vacas, que la envidian) la del torito bravo destinado a la fiesta “nacional”.


Me importa un bledo la famosa fiesta. Jamás he ido a ver una corrida de toros y en la tele no veo ni a las tías en pelota, así que voy a ver a un toro chorreando sangre… Pero que no me agrade el espectáculo, incluyendo la posibilidad de verle los higadillos y la femoral al torero, no quiere decir que deba imponer a los millones de aficionados a este “festejo” mis propias fobias o neuras. A nadie se le ocurriría tener un toro de lidia, pagándole una vida regalada, para no sacarle al final ninguna plusvalía. Salvo que hagamos funcionarios a estos animalitos y se dediquen a vegetar en la reserva natural trienio tras trienio hasta la jubilación final. Toda una vida de rey del mambo para acabar en olor de multitudes en una plaza. ¡No está mal! Y sin abrir en canal su intimidad y sus vergüenzas, como hacen muchos cantamañanas humanos ante las cámaras. Quince minutos. A veces ni eso. Quién pudiera firmar que la muerte le llegará en sólo un cuarto de hora. Con algo de sangre pero sin mucho dolor, que todavía nadie ha visto a un toro retorcerse panza arriba. Para cobardicas y mal sufridores, nosotros. Un estocazo final y tararí que te vi, adiós vida cruel, que ya quisieran el resto de los animales del planeta morir con esta finura y gallardía. Y encima con la oportunidad de poder llevarte por delante, en buena lid, al mamón que te va a enviar al otro barrio. Y de dar una vuelta al ruedo bajo los aplausos del respetable, en vez de huir escondido en una caja de madera, cuando no convertido en vulgar ceniza por un horno crematorio. Algunos toritos hasta pasan a la posteridad, cosa que no consigue ni el 99,99 % de los indocumentados humanos.


No debemos fijarnos exclusivamente en los últimos quince minutejos de vida del torito bravo. ¡Que le quiten lo bailao! En la próxima reencarnación yo me apuntaba, oiga…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Su . de vista tan original y cachondo me ha encantado.

Juan Puñetas dijo...

Pues muchas gracias, resalado... Ahora que lo dice, y con la que está cayendo -ya sabe, crisis o desacelración, huelga de transportistas, pescadores, etc- quizás más de uno y una caiga en la cuenta de que la vida del toro es mucho mejor que la de muchos bichos de dos patas.