martes, 13 de junio de 2006

EL MUNDO DEL MUNDIAL


(Como ya sabrá hasta el más tonto del pueblo, ha comenzado el Mundial de Fútbol de Alemania. Quietos paraos, que llega lo más importante del mundo mundial. Así que iba a escribir un bello panegírico puñetero sobre el acontecimiento cuando encontré la opinión de mi admirado Antonio Soler, el domingo en el diario SUR. Aquí está su sentir -que gira en torno al mundial y al libro-, que suscribo por completo).

El mundo es una pelota de cuero que anteayer se puso a rodar. Ya casi nada importa además del trazado geométrico de esa pelota sobre la hierba verde de Alemania. Por aquí intentan flambear ancianos, en las tripas de Irak se nombra un sustituto del asesino Al Zarqawi y por acá y por allá secuestran y apalean niños, pero eso son anécdotas, lo de siempre. Lo importante es la pelota, el orgasmo del gol, saber si Raúl rinde o habrá que conformarse con un nuevo crespón negro en nuestra historia mundial. Nuestra armada invencible con pantalón corto. El planeta entero mirando esa pequeña esfera rellena de aire. En 'El fotógrafo del pánico' los personajes se grababan unos a otros con cámaras de aficionados, lo importante no era vivir, sino mirar.

El planeta es un trazado de esferas y su centro está ahora mismo en Alemania, lo demás son círculos concéntricos alrededor de ese núcleo blanco. Lo dicen los libreros madrileños en los últimos días de feria, atrincherados en sus casetas. Ojalá los libros estuvieran en el núcleo del mundo, se lamentan. Desde esa trinchera vemos a su lado pasar el mundo. Tal vez si la mitad, la cuarta parte, la décima parte, de quienes ven partidos de fútbol tuvieran algún trato con los libros el mundo iría mejor. Siempre y cuando leyeran más de un libro. Los lectores de un solo libro son peores que los analfabetos, mucho más peligrosos. Al Zarqawi y compañía con el Corán o los fundamentalistas americanos con la Biblia. Una tierra de labranza con un único surco, una fosa que cruza el planeta.

En el asilo de los Angeles también habrá en estos momentos un televisor pregonando alguna jugada balompédica. A veces llevé libros a ese asilo. Me equivoqué. Quizá tendría que haber dejado los libros en el descampado que hay al lado, donde los gamberros inician los incendios que acarician las tapias del asilo y sobresaltan a los viejos. Repartir libros entre los pirómanos, entre los secuestradores de niños, sus torturadores, los fanáticos del Islam. Sería un consuelo para los libreros que ven pasar el mundo al otro lado de la caseta, pero tal vez sólo para ellos. Los verdaderos pirómanos los usarían de combustible y los fundamentalistas encontrarían en esos libros nuevos motivos para la guerra santa. Tenemos que seguir resignados a ser minoría, a propalar una religión sin otro dogma ni mandamiento que el de la libertad. Olvidarnos de ese surco único que da la vuelta al planeta y sembrar en un huerto pequeño, abonar la tierra, ver crecer los frutos con paciencia. No tenemos que meter goles contrarreloj ni ganar ningún campeonato, por más que el afán de la competición, las listas de ventas y las sirenas nos hagan llegar sus cánticos. Ahondar, cargarnos de sabiduría para comprender que el mundo no acaba en un mundial y que vivir quizá sea más importante que mirar.

viernes, 9 de junio de 2006

PUEBLOS ABORREGADOS


Cuando un pueblo es gobernado a través de una dictadura, es lógico que por el miedo y la represión, responda casi ciegamente a las demandas y expectativas de sus hijoputiles gobernantes. Pero cuando lo que hay por medio es una democracia, la cosa ya no está tan clara. Se supone que los ciudadanos son libres para tomar decisiones en los momentos en que se les consulta o en aquellos especiales en que hay que tomar posición colectiva ante un tema crucial. Y, embargo, esta posibilidad –que a menudo significaría contrariar la opinión de sus gobernantes- habitualmente no la veo por ninguna parte. En España no la he visto desde que en 1978 se reinstauró el modelo democrático, aunque muchos pensamos que tiene más de “crático” que de “demo”.


No pretende el Puñetas que el país sea ingobernable porque sus ciudadanos ejerzan de hooligans a la menor oportunidad de consulta popular, pero sí que es altísimamente sospechoso que en todos los referendums que hasta ahora se han celebrado en España, siempre haya ganado la opción gubernamental. ¿Tan difícil es meterle el dedo en la nariz al gobierno de turno cuando a través de una consulta popular pretende hacernos tragar con carros y carretillas?


Dos referendums anteriores fueron paradigmáticos. El primero, aquel en que Felipe González –después de haber dicho su partido por activa y pasiva que iba a sacar a España de la OTAN- consultó al personal sobre el tema, propugnando lo contrario de lo que hasta ese momento había mantenido. El PSOE, con el careto y el morro que le caracteriza, propugnó seguir en la OTAN, y los ciudadanos, obedientes y borreguiles, dijeron amén. O sea, beeeee. Aquel fue un momento pinpitaparado para decirle a los mandantes de turno (después pasaron a ser mangantes) que aquel cambio hipócrita de estrategia merecía una calabaza como doce soles. Pues nada, oportunidad perdida para demostrar que en democracia quien manda es el pueblo y tras ese barrizal llegaron las toneladas de estiércol que todos sabemos: corrupción, trinqueo y mamoneo. Natural: si te meas en la gente mintiéndole de la A a la Z y, en una consulta, encima te aplaude, es normal que consideres que estás legitimado para hacer lo que te da la gana. Menudo patinazo se dio el pueblo español con aquel referéndum para votar lo contrario de lo que siempre había sostenido mayoritariamente.


El otro gran momento borreguil llegó (oiga, también es casualidad) con otro gobierno psocialista, el que actualmente padecemos, y eso que sólo llevamos dos añitos de nada. El referéndum fue convocado por don Zapatero para aprobar lo que cínicamente se dio en llamar “la constitución europea”. Teníamos que ser el primer país de la UE que hiciese el referéndum y lo ganase para que don Zapa y sus huestes demostrasen al mundo lo chulos y guapos que son. Y lo lograron, claro. Pan comido. Fue otro momento histórico desaprovechado por el “sabio” pueblo español para demostrar a sus gobernantes que para “chulo”, él. Sin saber ni lo que votaba, se tiró a las urnas a decir que sí, simplemente porque el talentoso nuevo mesías se lo decía. (Meses más tarde varios países europeos, de población menos borreguil políticamente hablando, votaron que no a la propuesta de sus gobiernos respectivos. No fue el fin del mundo.). Así que tras aquella bajada política de pantalones los chicarrones del gobierno se dijeron miel sobre hojuelas, a estos pringaos los tenemos en el bote y van a tragar todo lo que les echemos y se nos ocurra. Y en esas estamos.


Ahora llega otra buena oportunidad para demostrar que ante las tomaduras de pelo no tragamos. Y le llega a la “civilizada” Cataluña con el próximo referéndum sobre el Estatut recientemente aprobado en el Parlamento tras un largo proceso en el que hemos asistido a una representación antológica de esperpentismo, funambulismo y maniqueísmo político. No se trata de que el Estatut sea o no un bodrio (que para muchos, sean de izquierdas o derechas, nacionalistas o no, lo es), si no de darle en todos los morros a Zapatero y Maragall por el cachondeo y la desvergüenza que han demostrado en todo el proceso. Un NO llevaría a un reinicio del tema a ver si esta vez actúan con más cordura. Un NO ni acabaría con la prosperidad de Cataluña ni con el Barça en segunda división. Un NO es la última oportunidad que les queda a los catalanes en su conjunto para no ser tratados como felpudos a partir del SI y el trágala, como ya sabemos que marca la tradición.


Pero quiá. La oportuna ocasión de oro va a demostrar –salvo sorpresas inesperadas de última hora- que en Cataluña la población también mira a la política y a los gobernantes con careto borreguil y vacuno. Después llegará el turno de valencianos y andaluces para demostrar –al hilo de la consulta sobre sus respectivos estatutos- que a ellos no los torean tan fácilmente sus políticos respectivos. Pero ya verán como volverá a repetirse la historia. Aquí el jefe dice SI, y la mayoría del personal sale corriendo al grito de tonto, el último, a depositar el SI en la urna.


Ay, pueblos mentecatos que, cuando de higos a brevas les piden que se expresen directa y libremente, van y se arrodillan diciendo sí, bwana, lo que usted diga, señor, no faltaba más, a sus pies, excelencia. Ay, vulgares corderitos, lamiendo la cara y el culito de quien habitualmente os trata a patadas. Para una vez que os dan la oportunidad de afirmar rotundamente que NO, y que NO y mil veces NO, y que a pesar de la negativa no va a ocurrir una catástrofe, y que el bofetón político va a actuar de vacuna en los gobiernos de turno para que se lo piensen cantidad antes de tomar a su querido pueblo por idiota, imbécil y subnormal, para una vez –ya digo- le replicáis con la bajada de pantalones habitual. En fin, no hay dicho político más sabio que ese que afirma que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.

martes, 6 de junio de 2006

LOS CALAMARES DEL NIÑO


(El domingo pasado publicaba su clásico artículo el escritor Pérez Reverte en el magazine XLSemanal. El recogijo que me produjo su lectura, el carácter tan certero de la realidad que describe y la antológica coda final, creo que merecen un fusilamiento literal en esta bitacorilla por si unos cuantos lectores más se pueden sumar en el aprovechamiento).


Hay criaturas por las que no lloraré cuando suenen las trompetas del Juicio. Niños que anuncian desde muy temprano lo que serán de mayores. A veces uno está paseando, o sentado en una terraza, y los ve pasar apuntando en agraz maneras inequívocas. Adivinados en ellos la inevitable maruja de sobremesa televisiva –ayer vi reconciliarse a dos hermanas en directo y eché literalmente la pota– o la viril mala bestia correspondiente. Dirán ustedes que ellos no tienen la culpa, etcétera. Que los padres, la sociedad y todo eso los malean, y tal. Pero qué quieren que diga. En cuestiones de culpa, denle tiempo a un niño y también él tendrá su cuota propia, como la tenemos todos. Sólo es cuestión de plazos. De que se cumplan los pasos y rituales que se tienen que cumplir.

El zagal que veo en el restaurante tiene nueve o diez años, que ya va siendo edad, y se parece al padre, sentado a su vera: moreno, grandote y vulgar de modos y maneras. La madre pertenece al mismo registro. Todos visten ropa cara, por cierto. Colorida y vistosa. Sobre todo la madre, una especie de Raquel Mosquera vestida de Paulina Rubio y con toquecitos de Belén Esteban en el maquillaje y en la parla. La familia ocupa una mesa contigua a la mía, junto al gran ventanal de un restaurante popular de Calpe, situado junto al puerto. Y al niño acaban de traerle calamares a la romana. De no ser porque su cháchara maleducada, chillona e interminable, a la que asisto impotente desde hace veinte minutos, ya me tiene sobre aviso, la manera en que ahora maneja el tenedor me dejaría boquiabierto. El pequeño cabrón –nueve o diez años, insisto– agarra el cubierto al revés, con toda la mano cerrada, y clava los calamares a golpes sonoros sobre el plato, como si los apuñalara. Observo discretamente al padre: mastica impasible, bovino, observando satisfecho el buen apetito de su hijo. Luego observo a la madre: tiene la nariz hundida en el plato, perdida en sus pensamientos. Tampoco sería difícil, me digo, con la edad que tiene ya su puto vástago, enseñarle a manejar cuchara, cuchillo y tenedor. Pero, tras un vistazo detenido al careto del progenitor, comprendo que, para hacer que un hijo maneje correctamente los cubiertos, primero es necesario creer en la necesidad de manejar correctamente los cubiertos. Y por la expresión cenutria del fulano, por su manera de estar, de mirar alrededor y de dirigirse a su mujer cuando le habla, tal afán no debe de hallarse entre las prioridades urgentes de su vida. En cuanto a la madre, cómo maneje el crío los cubiertos, o cómo los manejen el padre o el vecino de la mesa de al lado, parece importarle literalmente un huevo.

Tras un eructo infantil jaleado con suma hilaridad por el conjunto familiar –después de reír, eso sí, el papi parece amonestarlo en voz baja, a lo que la criatura responde sacando la lengua y poniendo ojos bizcos– llega la paella. Y, tras deleitar al respetable con el uso del tenedor, el indeseable enano exhibe ahora su virtuosismo en el manejo de la cuchara agarrada con toda la mano exactamente junto a la cazoleta, alternando la cosa con tragos sonoros del vaso de cocacola sujeto con ambas manos y vuelto a dejar sobre la mesa con los correspondientes granos de arroz adheridos al vidrio. Tan maleducado, tan grosero como el padre y la madre que lo parieron. Y así continúa el dulce infante, a lo suyo, camino de los postres, en esa deliciosa escena española de fin de semana, una familia más, media, entrañable, con su hipoteca, y su tele, y su coche aparcado en la puerta, como todo el mundo. Y yo, que gracias a Dios he terminado, pido mi cuenta, la pago y me levanto mientras pienso que ojalá caiga un rayo y los parta a los tres, y les socarre la paella. Y ustedes dirán: vaya con el gruñón del Reverte, a ver qué le importará a él que el niño se coma los calamares así o asá, peazo malaje. A él qué le va ni le viene. Pero es que no estoy pensando en la paella, ni en el restaurante, ni en los golpes del tenedor sobre los calamares. Aunque también. Lo que pienso, lo que me temo, es que dentro de unos años ese pequeño hijo de puta será funcionario de Ayuntamiento, o guardia civil de Tráfico, o general del Ejército, o empleado de El Corte Inglés, o juez, o fontanero, o político, o ministro de Cultura, o redactor del estatuto de la nación murciana; y con las mismas maneras con las que ahora se comporta en la mesa, cuando yo caiga en sus manos me va a joder vivo. Por eso hoy me cisco en sus muertos más frescos.
¿Comprenden? En defensa propia.

viernes, 2 de junio de 2006

CABREO POR CULPA DE UN SENADOR NAZIONALISTA



Hace unos días, en un mitin del Partido Socialista de Mallorca, intervino un senador del Partido Nacionalista Vasco, un tal Javier Maqueda, muy conocido en su pueblo a la hora de tomar chiquitos. No se sabe muy bien qué demonios hacía semejante paleto en un una reunión masturbatoria del PSM, pero allí estaba el buen hombre. Y como debía encontrarse ebrio de vanidad y encantado de conocerse a sí mismo, fuera de su corralito vasco, soltó la siguiente perla, sin que a continuación nadie del público empezase a tirarle tomates, pimientos y hasta melones. La sandez fue la siguiente: “El que no se siente nacionalista o no quiere a lo suyo, es que no tiene derecho a vivir”.


Leyendo su biografía en la página web del Senado, parece que el pobre hombre es Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad del País Vasco (con sobresaliente, faltaría más). Profesor de dicha Universidad, ha ocupado hasta el momento muchos puestos directivos en todo tipo de empresas del terruño (a dedo, claro) y es considerado un as grasiento en la cosa empresarial, de finanzas, marketing, etc. Un “excepcional” currículum apañado entre las cuatro paredes de su cortijillo nacional gracias a que allí casi todo el mundo se despatarra cuando le muestras ante los ojos el carné de ejecutivo y guardián de la patria. Sea como fuere, no se sabe si con la atenuante del alcohol o de una gran follada previa, el señorito Maqueda soltó en Mallorca lo que soltó y algunos nos hemos subido por las paredes con lógica indignación.


Este impresentable debería haber nacido en Senegal o en Mali. A estas horas ya habría viajado en cayuco hacia las costas canarias buscando huir de la miseria y la desesperanza de su tierra. No le quedaría de nacionalista ni el rabo. Este monstruito debería haber nacido en el seno de una pobrísima familia murciana, andaluza o extremeña, no en 1955 si no 20 años antes. En estos momentos estaría a punto de jubilarse como albañil en una obra de Núñez y Navarro en cualquier andamio de por ahí. No le quedaría de nacionalista ni los pelillos de la nariz o del culo.


Este fulano es nacionalista hasta las cachas porque lleva toda su vida chupando de las tetas de su madre patria. Si no de qué. Este cacho bruto es incapaz de asimilar que hay por el mundo millones de personas a las que la ideología nacionalista les importa un comino, un rábano y unas gambas al pil pil. Que a algunos les vaya divinamente siendo unos vividores a costa del terreno en que casualmente nacieron o recayeron, no implica que a los demás nos cause placer tal manera de prostitución. Algunos preferimos ser pobres ciudadanos del mundo a ricachones comepatrias. Todavía hay clases, machote. La de los que odian a los que no idolatran su partida de nacimiento, y la de los que andamos por la vida escuchando sólo la voz de la Tierra. La Tierra con mayúsculas, si es que sabes distinguir el matiz, pedazo de carcamal.


Este descerebrado olvida que de haber nacido en otro tiempo o lugar, tendría de nacionalista lo que de tío listo. ¿De qué coño presume? Pero lo más gratuitamente majaderil y delictivo que he oído en muchísimo tiempo es que considere que el no nacionalista no tiene derecho a vivir. A algunos mamoncillos del terruño, en cuanto les practicas la prueba del ADN y el RH, nos salen con que son portadores de un cáncer: el nazionalismo. Viviendo en la realidad territorial en que vive el cateto, con más de 30 años de violencia cerril y mil asesinados por motivos ideológicos, su frase no es un brindis al sol, una metáfora, una frase hecha. Ni siquiera una boutade. Su declaración es una amenaza en toda regla a los que no son de su cuerda política y todavía sobreviven en el País Vasco y en el resto del Estado. Sólo le faltó decir al muy subnormal de forma claramente directa: “Eta, mátalos”.


Que este deliriums tremens con ojos trabaje en la ponencia de estudio del Senado sobre “el acoso y la violencia física y psicológica entre los escolares”, es un sarcasmo y un esperpento. Si esto fuera un país normal, a estas horas, ya le habrían pedido explicaciones en la Cámara Baja (tan Baja que no sirve para nada) junto a una rectificación en toda regla. Sabemos que –desgraciadamente- en política vale todo y que la política lo justifica todo, pero hay cosas por las que muchos nos negamos a pasar. Estar callados ante monstruosidades como las dichas por este elemento nos haría tan viles y ruines como él. Y hasta ahí podíamos llegar. Somos civilizados pero no imbéciles, ni nos vamos a dejar pisotear por cualquier indocumentado, por muy senador que sea. Los que no calzamos un bolsillo nacionalista también tenemos derecho a vivir, aunque le pese a este individuo, al que tanto amor a la tierra prometida ha acabado por sorberle el cerebro.


PD: Cualquier lector habitual de esta bitácora se habrá dado cuenta que hoy prima la rabia contenida sobre la flema e ironía habituales. Y es que hay gentuza capaz todavía de poner guerrero al Puñetas. Pido excusas por el desbarre formal de hoy pero el pancista patrioteril de marras me ha puesto a trescientos por hora, como si fuera Fernando Alonso.

martes, 30 de mayo de 2006

HACIENDA SOMOS LOS MISMOS TONTOS DE SIEMPRE


Llevo varios años metido en esto de las bitácoras y hasta hoy no le había hincado el diente a la cosa de la contribución a Hacienda. Algo inexplicable por cuanto a pesar de que el Puñetas ve imprescindible la contribución generalizada al erario público para sufragar los principales gastos que nos afectan a todos, la desvirtuación de este objetivo por parte de los gobiernos sucesivos y los escándalos frecuentes de tipo financiero ya debían de haberle incubado alguna parida grillesca más o menos iracunda. Porque es para ponerse de uñas, leñe.


Pasan los años y por más cuentos que nos larga el gobiernillo de turno, los sufridos ciudadanos seguimos siendo tratados como el betún: con nosotros se restriegan los zapatos los más sabios y poderosos del país. Da vergüenza ajena (dicho finamente, claro) que gentuza que preside bancos, grandes corporaciones industriales o comerciales, y políticos que gastan de su bolsillo menos que un sordo en cedés, paguen menos al fisco que cualquier currante de tres al cuarto. Que si desgravaciones, que si compensaciones, que si bonificaciones… Decenas de economistas y paniaguados trabajan durante todo el año para dejarles la declaración fiscal como una patena de limpia. Luego están ese montón de profesiones liberales, de comerciantes poco escrupulosos, de expertos en el mamoneo que declaran lo que les sale del cuerpo: lo mínimo para no causar sospechas. Médicos privados que nunca emiten facturas y que afirman tener menos pacientes que enfermeras a su cargo. Fontaneros y electricistas chapuceros que te joden el calentador más de lo que ya estaba o te funden toda la instalación, pero de cuyas hazañas no queda constancia ni en los juzgados de guardia, ni en la asociación de consumidores ni en Hacienda. Tenderos, mecánicos, farmacéuticos… a los que sacarles una factura es más difícil que conseguir el primer premio de la lotería.


Eso sí, si formas parte de la morrallita, señor, esa gente que se gana la vida a través de una nómina mensual más o menos legal, entonces estarás controladísimo por Hacienda. Tanto que, desde hace unos años, se permite el lujo de enviarte un borrador a casa diciéndote lo que tú todavía no sabes: cuánto has ganado, qué descuentos te han hecho, qué dinero te ha sisado el banco, lo que te costó la contribución del tugurio en que malvives, etc. Controlado hasta los tuétanos… para pagar. Ni los chorizos y delincuentes más habituales están tan supervigilados y controlados como el ciudadano medio de cara a Hacienda. Y es que la pasta fácil es lo primero y para qué vamos a emplear recursos y medios desaforados intentando averiguar los enormes pufos y mentiras que gente importante nos hace, si con lo que le sacamos a los curritos de la clase media y obrera ya tenemos bastante para el negociejo.


Da igual que gobiernen los que ocultan que son de derechas como los que presumen de ser de izquierdas, cuando en realidad son unos vivales cantamañanas. En lo único que coinciden es en sacarles los cuartos a los de siempre. Así que pasan los años y sólo algún buen día se dan cuentan que los directivos de una tal Afinsa están haciendo prácticas económicas fraudulentas o que los sucesivos dirigentes de Marbella se están poniendo las botas y el chalé con la política urbanística. El único pelotazo que controla férreamente nuestra Hacienda (de ellos) es el que se garantiza todos los años con la cosa de la Renta aplicada a quienes no tienen ninguna posibilidad de triquiñuela y corrupción alguna: los que chupan de nómina. Si al menos se gastasen todo este parné en cosas útiles…, pero todavía está por nacer el alcalde que se dedique a iluminar toda la ciudad en vez de tirar el dinero en la construcción de un faraónico Palacio de Congresos y Ferias al que no acudirán ni las ovejas del lugar. Todavía está en el limbo el presidente gubernamental que se gaste el dinero de los “nominados” (los elegidos para pagar) en mejorar sustancialmente los presupuestos de educación, sanidad y seguridad. El gran pastel público se suele repartir privadamente en forma de subvenciones, ayudas, jamalajás y jamalajús, entre una patulea de gente, organizaciones y entidades que sólo están ahí para eso: para chupar del dinero del biberón público. Incluidos quinientos mil politiquillos de todas las categorías, cuya labor más provechosa –véase el reciente debate de la Nación- es masturbarse en público, es decir, darse placer a sí mismos mediante el autobombo y la egolatría. Sólo existimos para ellos en dos momentos gloriosos: en la declaración anual de la renta y en las votaciones electorales cada equis años. Y en ambos acontecimientos nos tienen perfectamente maniatados a los tontos de siempre. Si te pasas un día de la fecha de pago, te crujen con una multa. Si votas a alguien del partido que no va en la lista (¡listas abiertas, ya!), te declaran nulo el voto. Las reglas están claras: a tragar la mayoría para que unos pocos mamen a dos carrillos. Y así año tras año.


Más como aquí somos la mar de optimistas, diremos que menos mal que en otros sitios están peor. Por ejemplo, esos casi mil negritos que arriban a nuestras costas cada día en el cayuco de turno, huyendo de los señores de la guerra o de la miseria de sus respectivos países. Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere o … porque es imbécil.

viernes, 26 de mayo de 2006

DE PIRATAS Y PÍCAROS



La piratería siempre ha existido. Es más, las grandes corporaciones y gobiernos vienen ejerciéndola desde que el mundo es mundo. Otra cosa es la picaresca de la plebe, de la canalla, que intenta evitarse gastos superfluos a través del siseo, del fino mangoneo o del copieteo. ¿Qué va a hacer un estudiante, que no suele tener un duro, con ese libro técnico que cuesta 50 euros y del que el catedrático le pide memorice el capítulo 4? Pues irse a una fotocopiadora y merendarse el capítulo. ¿Qué puede hacer el aficionado al fútbol que ve anuncios de Digital Plus diciéndole que es gratis la Liga y la Champion? (La letra pequeña no se ve en pantalla, esa por la cual cuesta 50 pavos mensuales la suscripción a la cadena de pago). Por ese precio, el hincha se compra una paella y un descodificador chino, la pone en la terraza y ve tan finamente los partidos que quiere, aunque sea a costa de quedarse ciego. Hay adicciones a las que renunciar sería una tragedia. Y qué decir de esa canción de moda que durará en el candelero algo más de una semana. ¿Se compra la chavalilla todo el CD para escuchar sólo esa canción pegadiza y al módico precio de 20 euros? Si a la semana siguiente ya nadie se acordará de tan famoso éxito… Pues se la baja de interné o se la copia de una amiga. Y cuando pasan los 7 días la tira a la basura o la borra.


Ya digo, una cosa es la piratería y otra la picaresca. Pero los chicos de la SGAE y muchos de sus representados pretenden banalizar ambos términos, equiparándolos. Para acción pirata, la del cantautor de una sola canción de éxito, de la que podrá vivir toda su vida sin rascar más bola que la que rascó cuando en un acto de inspiración divina –el único que tuvo en vida- le vino al caletre la melodía y el ritmo. Siempre ha estado más cerca del pirateo el rentista que el alquilado. De modo que cada vez que a alguien se le ocurra escuchar una sola nota de la canción inolvidable del famoso cantautor, a ingresar en caja, según la SGAE. Aunque la cosa se haga en una función a beneficio de los muertos de risa. Y tampoco es eso. Aquí, cariñitos míos, hay que ganarse el pan todos los días y no con un día de trabajo comerlo todo el año.


Toda obra intelectual tiene que tener su recompensa económica, si lo vale. De ella sólo deben aprovecharse crematísticamente quienes la crean, confeccionan y difunden, pero desgraciadamente la realidad no siempre es así. Cuántos preclaros personajes de la vida política y, sobre todo, económica se ganan bien la vida a costa del trabajo ajeno y andan por ahí con la cabeza bien alta. Pero fotocopiar una página de un libro o grabar de un amigo una canción de éxito tampoco es para ponerse como se ponen los señoritingos de la SGAE y del Gobierno. Considerar que todo medio grabable debe ser cannonizado (un sobreprecio compensatorio) porque va a ser usado por la chusma para “piratear” algo, es tan absurdo como considerar que toda escopeta o navaja será destinada para agredir físicamente al prójimo. No sabría decir el Puñetas quien se excede más, si los sgaelianos que ven delito en todo lo que no sea pasar por caja o los que almacenan en casa 500 cedés grabados de música que jamás escucharán por falta de tiempo, ganas y organización. A la avaricia absurda de los segundos, los primeros responden con un afán recaudatorio que sólo da ganas de pagárselo no comprándoles ni una sola piruleta audiovisual.


Por esas cosas de la actualidad, el encontronazo cantaril Ramoncín-Sabina que nos deleita estos días, refleja los dos modos de proceder ante esta cuestión. El primero, un tipo más serio que el copetín, que no vende un disco ni harto de gaseosa y mendiga musicalmente de las escasas glorias que le quedan de cuando era el rey del pollo frito, ocupa un puesto directivo de la SGAE y vive de sus tertulias y lo que le cae del partido psocialista. El segundo –vagueras y cachondo- cuando saca un disco se lo curra por toda España a través de decenas de conciertos y actuaciones que amenazan con finiquitar la escasa voz que le queda de tanto fumar y abusar del bebercio. El primero vive del cuento musical (es un rentista) y el segundo se lo curra cuando quiere engordar la cartera, como suele hacer todo hijo de vecino. El burócrata contra el currante. La cigarra contra la hormiga.


De modo que estando todos de acuerdo en que el aprovecharse económicamente del trabajo ajeno –como hacen los del topmanta y los que trafican con DVDs y CDs- debe ser perseguido por la justicia, el simple copieteo para uso privado a través de un amigo o de la interné no pasa de ser una actitud pícara para no pagar un precio exageradísimo por un producto que normalmente no lo vale y que suele ir al cubo de la basura al cabo de un par de días. De ahí que algunas empresas estén empezando a cambiar el chip en lo que se refiere a la venta de la música (pruebe antes de comprar, compre sólo las canciones que necesita o desea, la canción la paga para tres días y al cabo de ellos se autodestruirá en cinco segundos, etc). La cosa funcionará. Los burócratas y vividores de la música y el cine no pueden pretender que unas horas de trabajo les garanticen una renta vitalicia. Tampoco un exceso de picaresca por parte de compulsivos coleccionistas interneteros puede desembocar en nulos beneficios para los creadores y autores (suponiendo que todavía quede alguno vivo). Por mi parte, el Puñetas se quedó en la época del disco de vinilo y la casete. Dichos soportes se oyen peor y son más incómodos, pero aquello era música y no la birria de ahora…

martes, 23 de mayo de 2006

LA PALABRA MÁS BELLA



Durante el mes de abril una Escuela de Escritores convocó a los internautas hispanohablantes a elegir la “palabra más bella” de la lengua castellana. Durante 21 días, 41.022 internautas de todo el mundo respondieron a la iniciativa y enviaron 7.130 términos diferentes explicando porqué los habían elegido. Como era previsible, en unos tiempos donde la imaginación está en las catacumbas cerebrales, sepultada por toneladas de propaganda, videojuegos, pelis de acción y programas telebasurientos, la palabra elegida entraba dentro de lo previsible desde el primer día. El Puñetas se dijo cuando conoció la convocatoria:


-Me apuesto la cabeza del ministro de Defensa Bono a que la palabra elegida saldrá entre “amor”, “libertad”, “solidaridad”, “vida” e “igualdad”.


Oye, que gané la apuesta. Al final la palabra elegida ha sido “amor” y, como consecuencia, el ministro Bono se ha largado del Gobierno zapateril para irse a hacer vida familiar. De repente le han entrado al buen hombre unas ganas enormes amorosas de estar con su esposa e hijos. Échenlo en la cuenta de mi fácil apuesta a lo seguro.


Elegir la palabra más bella de un idioma por lo que teóricamente significa, resulta bastante tramposo. Las personas más buenazas, tolerantes, comprensivas y desprendidas no son forzosamente las más bellas y hermosas. No sé a qué viene aplicar el cuento contrario a las palabras. Pero es que –además- la trampa es doble, porque entre lo que teóricamente representan las palabras “agraciadas” y la realidad practicada, hay una distancia a menudo sideral. El amor será muy bello, pero del dicho al hecho hay muchos años luz. Se nos podrá llenar la boca de “igualdad”, “solidaridad” y “patatín patatán”, pero en la inmensa mayoría de los casos la cosa no deja de ser una tomadura de pelo. El Puñetas está hasta el tupé (si lo tuviera) de tanta palabreja muy hermosa por fuera pero hueca por dentro, manoseada hasta la náusea. Oir hablar a los poderosos (gobernantes, grandes empresarios, manipuladores de opinión, etc) de palabras otrora tan emblemáticas como “solidaridad”, “igualdad”, “obrero”, “socialista”, etc es que me hace vomitar. Menudo morro tienen algunos. Y si descendemos a la plebe, casi se repite la misma cantinela. Así que a uno ya hasta empieza a escandalizarle el uso prostituido, hueco y ruín de estas y otras teóricamente hermosas palabras, cuando se ponen en boca y manos de según qué gentuza. Menos palabrería y más hechos. Menos rollos macabeos y más dar el callo en la vida cotidiana, arremangándose hasta caer rendido.


Qué bonita sería la palabra “justicia”, pero cada vez se acerca en el significado a esta otra menos agraciada: “jódete”. Algunas sentencias de los últimos tiempos así lo corroboran. Qué linda sería la palabra “verdad”, pero habitualmente suele utilizarse como sinónimo de “mentira”. Hay gente (empezando por el presidente del Gobierno y acabando por los Rolling Stone) a la que el Puñetas interpreta lo contrario de lo que afirman. De modo que uno esperaba que los internautas eligiesen una palabra bella por su melodía, o por su gracejo, o por su estética pero hablar de armonía, humor inteligente o fina estética en esta putrefacción en que vivimos, no deja de ser una utopía la mar de utópica.


-¿Y qué palabrejas hubiera votado usted, eh, listo? –preguntará algún lector quisquilloso que no conozca el percal que tiene enfrente.


Yo creo que –manteniendo la línea de lo votado- la palabra “humor” es bella. Y “finura”. Y “árbol”. Y “salud”. Pero uno hubiera planteado otras palabrejas menos rimbombantes de contenido, pero más bellas desde el punto de vista formal, aunque muchos opinan que la belleza es muy subjetiva. Así que aquí dejo unas cuantas palabras dignas de haberse presentado al Festival de lindas palabras castellanas. No se hubieran comido una rosca, pero ni falta que les hace: “mojiganga”, “camelo”, “almendrón”, “zoquete”, ”cachete”, “cabriola”, “chiripa”, “pacotilla”, “cocorota”, “pataleta”, “cucurucho”, “pupa”…

viernes, 19 de mayo de 2006

CUENTECETE POPULAR CON CIRCO AL FONDO



He seguido con cierto detalle (por querencia intelectual y familiar) el devenir de la política catalana desde las últimas elecciones, esas que aún dando la victoria a los de siempre –CIU-, por esa cosa de las alianzas postelectorales de las que nadie habla antes de las elecciones, permitieron la subida a los altares del filosocialista don Pascual y su trouppe. En el circo que se montó –un remedo de lo que posteriormente está llegando al resto del paisaje- había de todo: equilibristas, payasos, malabaristas, domadores de serpientes y hasta un oso. Los nuevos inquilinos del circo habían decidido juntar sus fuerzas para echar tripartitamente a la calle al antiguo dueño convergente. También se juramentaron que el espectáculo –por primera vez- no se iba a limitar al estrecho margen del territorio habitual, si no que iba a procurar ganarse también adeptos en territorio comanche, para lo cual era imprescindible dejar morir por inanición al antiguo capataz de éste: el PP.


-A los chicos del exbigotes Aznar, ni pan ni agua ni gaseosa...


Y empezó la función. Pronto se vio que los guionistas ponían buena voluntad, pero que su intelecto e imaginación no daba para muchos folios. Así que se limitaron a idear un solo número circense: el Estatut. Al principio aquello resultaba simpático y hasta emocionante, pese a que el personal esperaba más variedad temática.


-Oiga, ¿qué hay de mi Carmelo?

-Eso se cura con el Estatut

-¿Y qué hay de lo mío, que la Caixa no me quiere perdonar un préstamo como ha hecho con el tito Montilla?

-Unas pastillas de Estatut, mucho sol y un 3 % de paciencia, hermano…


Aquello empezó a llamarse “el coñazo del Estatut”. Pero como sólo había uno, todos arrimaron el hombro por si el número fracasaba, el circo se hundía y tenían que irse nuevamente al paro o a la segunda vivienda. En el territorio comanche, el Cabo con mando en plaza (un inexperto aprendiz de brujo al que momentáneamente la suerte le sonreía) pensaba que el numerito del Estatut le venía de perlas para dejar atado de pies y manos al antiguo capataz (otro inexperto Cabo, también aprendiz de brujo, que acabó quemándose las manos en Irak) y a sus herederos, a quienes no gustaba ni el Estatut ni nada que no hiciesen ellos mismos. Entre gente egoísta y sosa, sólo puede mandar uno y al otro mejor enviarlo a galeras por lo que pueda pasar. En eso estaba el nuevo Cabo. Así que durante meses siguió el espectáculo circense a toda pastilla hasta que los artistas de la pista empezaron a desavenirse ya que se acercaba el final y no se ponían de acuerdo en como terminar aquello. De modo que, antes de que se cayesen los palos de todo este sombrajo, el Cabo chusquero decidió recurrir al antiguo dueño del circo a través de su ahijado "Mas" próximo. Y en una visita al extinto mundo de Pujolandia lo logró. ¡Albricias, se decía la mar de sonriente! Pero el cipote que se montó entre los tripartitos no se lo esperaba, especialmente la rabieta del que más cobraba, un tal Carod, que de la extrema pobreza había pasado en un par de años a permitirse muchos lujos y hasta creerse el rey del mambo (o sea, de la sardana). Tanto se cabreó el caro amigo que decidió no participar más en el numerito del Estatut, boicoteando todas las modificaciones que el Cabo y su nuevo ayudante Mas habían acordado para que no se hundiese el tinglado. El delegado del Cabo (un ancianete ya chocheante que dirigía la función tripartita con mano casquivana y maragalliana), no tuvo más remedio que expulsar a su primo Carod.


La función (tras meses de representación) ya se la conocía de memoria todo el mundo. Sólo quedaban unas cuantas sesiones más y decidir si el numerito había sido del agrado de todos los espectadores, de unos pocos o de casi nadie. Tras el dictamen final de los espectadores (que debería ser positivo), ya pensarían en montar otro espectáculo más global, variado y atractivo para poder seguir manteniendo el chalet adosado, la finquita en Pedralbes o la Diagonal y el carné de socio del Barça. Pero para ello sería condición indispensable al menos un aprobado de la ciudadanía local. Sin éste, se corría el riesgo de que regresase el antiguo dueño del circo, ahora representado por su ahijado Mas. El aprobado, ni siquiera por los pelos, no estaba nada fácil porque aunque le tenían de quintacolumnista aliado, el excéntrico primo Carod se oponía al mismo por despecho, coincidiendo también en el NO con los expulsados del Paraíso catalán (los herederos del Aznar pepero-iraquí), que también estaban decididos a poner un cero patatero a los examinados por ningunearlos tras las últimas elecciones.


Así que los socios mayoritarios del circo no tuvieron más remedio que hacer trampas preelectorales para alcanzar su objetivo. Desde acudir a pedir ayuda al equipo de fútbol de sus amores –algo más que un club, según cuentan las viejas crónicas- hasta echar la culpa de todos los males de la exPujolandia al desterrado PP. Lo que ocurrió finalmente es cosa que sólo saben los dioses pues del futuro no entendemos los humanoides, pero sigan atentos a la pantalla que muy prontito saldremos de dudas. Mientras tanto, como todo se pega menos la hermosura, en otro territorio colindante llamado Chaveslandia (Andalucía, para algunos), empezaron a renovar la función circense (más de veinte años con la misma sintonía ya aburría hasta a los más adictos) incorporando nuevos y atractivos números musicales de karaoke (el presupuesto no daba para un montaje tan grandioso como el del circo catalán) pretendidamente parecidos a los que en la Maragallandia actual se han practicado en los últimos tiempos. En cuanto los veamos y oigamos en directo a pie de pista, contaremos qué sopor nos producen. Y es que el Puñetas gusta más de espectáculos solitarios como la lectura que de multitudinarios numeritos circenses que sólo engañan a los que ya están engañados. Y colorín colorete…

martes, 16 de mayo de 2006

CUATRO AÑITOS NO SON NADA



Haciendo limpieza de papeles, me he encontrado dos perlas bienhumoradas que escribí por estas fechas, pero en 2002. Un poco nostálgico, las recojo hoy aquí. En la primera aunaba la lógica exigencia de los ciudadanos de más servicios y mejores infraestructuras con el uso a menudo bastardo que solemos darles. En la segunda confrontaba mi imaginación calenturienta con la cruda realidad, que siempre suele imponerse frente a la fantasía más exigente.

POR PEDIR QUE NO QUEDE

¡MÁS JÁRDINES PÚBLICOS EN NUESTRAS CIUDADES… para llenarlos con mierda de nuestros perros! ¡MÁS VIVIENDAS SOCIALES…. a construir en suelo forestal! ¡NO AL ADELANTO DE LA HORA DE CIERRE DE LOS BARES…. nos gusta emborracharnos hasta bien tarde ! ¡LIBERTAD TOTAL DE EXPRESIÓN!... todas las paredes son nuestras. ¡POR UNA MAYOR SEGURIDAD CIUDADANA!...que el Ministerio de Hacienda sustituya al de Interior. ¡MEJORES AUTOVIAS Y CARRETERAS!...¡queremos matarnos más deprisa y más cómodamente!

NOTICIAS CACHONDAS

Hoy me ha dado por inventarme algunas noticias, a ser posible divertidas y originales pues veo que la prensa cada vez está más lóbrega, más triste, más taciturna. Ahí van algunas de mis originales noticias para pasar un buen rato:

“Un guineano agrede a su mujer por entrometerse en la conversación”. “La mitad de los jóvenes malagueños se creen capaces de conducir tras beber alcohol”. “Inventa un secuestro para ocultar a su mujer una noche loca con prostitutas”. “Un párroco adopta a un niño” . “Suspenden una operación por una pelea entre dos cirujanos en el quirófano”.

¡Demonios! Acabo de comprar varios periódicos y veo que alguien se me ha adelantado en la invención de las noticias. Y yo que las creía originales…Por cierto, llaman a la puerta. Regreso en un momento. (Pausa por razones obvias)

Perdón, era el cobrador del frac. Venía a que le pagara los 150 euros que debo al kiosquero de la esquina. Le he dicho que no puedo pagar la deuda porque tengo un problema de tesorería, que estoy haciendo el máximo esfuerzo para pagar a los acreedores que llevan más tiempo sin cobrar y que todo se debe a problemas de “desajustes”. El tipo me ha arreao un castañazo en toda la cara y promete que la próxima semana vendrá y saldará cuentas definitivamente.

Abro el diario EL MUNDO por la página 8 del suplemento de Andalucía del día 28 de mayo (tengo lectura atrasada) y ¡demonios!...

“El consejero de Salud Francisco Vallejo, reconoció ayer que existen “desajustes” en el pago, por parte del Servicio Andaluz de Salud (SAS) a sus proveedores y dijo que Hacienda está realizando “el máximo esfuerzo” para pagar a los acreedores que llevan más tiempo sin cobrar. Vallejo dijo que éste es un problema de tesorería, no de presupuesto. (…). Añadió que se está manteniendo reuniones con los proveedores para conseguir que no haya ningún efecto negativo”.

Decididamente, he perdido mi genuina y sagaz originalidad. Por cierto, ¿visitará el cobrador del frac al Sr. Vallejo? Más bien creo que el propio Vallejo es el cobrador del frac y si no que se lo digan a algún afamado médico malagueño que recibió sus “caricias” hace algún tiempo por denunciar varias muertes a consecuencia de las largas listas de espera para someterse a operaciones.

viernes, 12 de mayo de 2006

MONTILLA, QUÉ PESADILLA



Por más méritos que le busco, no le encuentro ninguno al camarada Montilla, Ministro de Industria, Turismo y Comercio del Gobierno central, nombrado por el presidente Zapatero no se sabe para qué. Tiene el amigo una cara que despide huéspedes, como corresponde a la tipología del burócrata de partido, ese que corta el bacalao en la trastienda con tijeras y mano de hierro, más vulgar que un huevo frito pero al que su mediocridad y pocas luces le hacen pintipirado para el carguete. Es el encargado de hacer el trabajo sucio de los jefes y éstos, en justa correspondencia, le suelen conceder algún que otro premio, sacándole a la luz de los focos para evitar su apolillamiento, antes de retornarle a la oscuridad del segundo plano. Eso le acaba de suceder al ínclito Montilla, qué pesadilla, desde hace algo más de un par de añitos. Conocido en su barrio (Cataluña) a la hora de comer en el PSC (buen amo de casa, logró que la Caixa perdonase al partido unos milloncejos de nada), tras demostrar que lo suyo no es la oratoria, el pensamiento ni la intelectualidad si no sólo el maniobraje y el devolver favores, se hizo famoso cuando apalabró (y sigue en sus trece hasta que lo consiga) la OPA de Gas Natural (empresa ligada a la Caixa) sobre Endesa. Por cuatro pesetas (todavía queda bien referirnos a la antigua moneda) el amigo pretendía que sus amigos perdonapréstamos se quedasen con la compañía rival, a pesar de que ésta es mucho más poderosa.


Desde entonces el Montilla no da puntada sin hilo barriendo todo lo posible para el hogar. Incluso algunos lo perfilan como sucesor de Maragall para las próximas elecciones a la Generalitat de Cataluña. Una solemne mentira porque, aún en su chochez, don Pascual le da sopas con ondas al ministro, aunque cosas más raras se han visto por las Españas en sus largos siglos de historia. Aunque el hombre nació en Córdoba, o sea, que teóricamente sería andaluz, sólo le queda de su tierra de nacimiento el apellido, mal que le pese.


Ahora nos ha salido el amontillado progresista, de izquierdas y nacionalista catalán con que hay que parar los pies al desarrollo de la energía eólica, en la que en España somos punteros en general y en Andalucía en particular. Expone el burócrata –que en el fondo sigue haciendo lo de siempre, barrer para casa, o sea, para Gas Natural y la Caixa- que las comunidades autónomas deben reducir los megavatios de potencia a instalar, ya que ello desbordaría la absorción del sistema eléctrico. Su pretensión es que no se instalen más de 20.000 MW, frente a los 36.000 previstos para el periodo 20006-2010. Todo ello, aparte el bofetón que significa para el desarrollo de esta básica energía renovable, sin que le preocupen mucho las pérdidas de inversión empresarial y los miles de puestos de trabajo ya previstos, en un marco general en que “España es el país europeo más dependiente del petróleo, donde más crece la demanda de energía y el que más incumple el Protocolo de Kyoto de reducción de gases invernadero. Con este panorama y con el precio del petróleo a 73 dólares el barril, deberíamos ser los más interesados en fomentar las energías renovables: ahorran divisas, son limpias e inagotables, palían el cambio climático, generan riqueza y empleo, son vitales para el medio rural y propician nuevas tecnologías en un sector emergente” (diario "Málaga Hoy"). A Andalucía le quiere recortar la producción desde unos 4.000 megawatios previstos a 2.075. El objetivo del gobierno andaluz de incrementar el autoabastecimiento energético y disminuir las emisiones a la atmósfera a través del desarrollo de las eólicas, se puede ir al garete porque don Joselito Montilla pretende (esto lo digo yo) seguir ayudando a sus amigos a que hagan negocio y compensen el perdón-regalo que le hicieron del préstamo.


Naturalmente que todos los partidos andaluces (menos el PSOE, que ya veremos) han puesto el grito en el cielo. Y pronto saldrán a la luz los alaridos de otras comunidades autónomas perjudicadas, una vez que los periódicos comiencen a preocuparse del tema, cosa difícil pues ya se sabe que lo único importante son los chismorreos de la política, el fútbol y los famosuelos y famosuelas en paños menores. Mientras tanto, el Puñetas va a comenzar la práctica del vudú con el ministro Montilla a ver si lo ponen milagrosamente en el puesto de Maragall en las próximas elecciones catalanas y nos lo quitamos así del gobierno de España. El siguiente paso sería que los votantes catalanes demuestren una sobrada inteligencia y lo manden al paro, pero hasta ahí no llega mi sabiduría vudulera, je, je.