El viejo dicho de “cada pueblo y país tiene el gobierno que se merece” es un axioma para el Puñetas. Sea mediante la democracia o la dictadura, la conclusión es que el personal tenemos en asuntos de la gobernanza lo que nos merecemos. Los últimos que se han subido al carro máximo de la estupidez han sido los venezolanos (exigua, pero suficiente mayoría) que han votado sí a una enmienda del goriláceo Chavez por la que puede ser ilimitada la elección de los cargos electos. Es decir, su reelección. Si un pueblo –al menos en más de 6 millones de personas adultas- desconoce que el ejercicio autoritario del poder es intrínsecamente perverso, es que merece que lo encadenen a los pies de un dictador hasta que éste se muera, lo maten o se vuelva rematadamente loco, aunque basta oír a don Hugo para darse cuenta que no será por la locura por donde la piará el gallináceo. A sus 54 años (equivalentes a una edad mental de 12 añitos) piensa que tiene por delante 28 primaveras para conseguir su bello sueño: “Yo estoy listo para gobernar los cuatros años que me quedan (del actual período constitucional) y para gobernar los seis subsiguientes (...) para que continuemos creando la Venezuela socialista". No tenemos ninguna duda que conseguirá su objetivo, a imagen y semejanza de su amigo Fidel. Tiene casi 30 años por delante para no dejar vivos a los más de 5 millones que han tenido el valor de decirle “no” en el reciente referéndum y para joder al máximo a quienes ciegamente le acaban de garantizar el reinado de dictadorzuelo durante las próximas décadas.
miércoles, 18 de febrero de 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
LA DESVENTURA ESPACIAL
15.2.09 Por Juan Puñetas
Hace ya unos años al bípedo humanoide le dio por llevar sus sucias pezuñas al espacio. No le bastaba con esquilmar, ensuciar y emborronar el planeta azul (actualmente, planeta marrón). Ya no había rincón que hollar, cumbre que escalar o fosa que explorar. Así que decidió embutirse dentro de unos trajes incomodísimos y largarse al espacio interestelar. Como no se fiaba demasiado del asunto envió primero a sus primos hermanos, los monicacos, mucho más inteligentes que él, donde va a parar. Los primeros la espicharon en pleno vuelo, pero gracias a su involuntario sacrificio la humanidad pudo comprobar que eso de salir a cazar moscas al espacio estaba muy bien. Luego comprobó que fuera del planeta no había ningún insecto volador, pero eso no arredró a los futuros navegantes espaciales dispuestos a poner sus zarpas en la luna lunera, acabando de paso con todo el romanticismo que el satélite había hecho florecer en miles de noches enamoradizas. (No es por nada, pero se nota que escribo estas letrajas en el día de San Valentín…).
Tampoco en la Luna había ningún bicho viviente al que matar, maltratar o domesticar, así que el objetivo se puso más lejano: Marte. No sabemos si algún milenio de estos el bichejo humano también desvirgará al planeta que más ha salido en las películas de Hollywood, aún sabiendo que los marcianitos no existen. Los ánimos por la conquista se han enfriado bastante pues un simple viaje de turismo no es igual que uno para someter a lejanas civilizaciones, aunque sean vulgares animalillos monocelulares. Aún así, el rastro de la humanidad va quedando indeleble e imborrable en el espacio que rodea la Tierra: miles y miles de trozos de restos metálicos procedentes de satélites, naves espaciales y otros cacharros voladores, abandonados a su suerte en el nuevo estercolero espacial pues el humano es un ser bastante guarrindongo y todo lo que toca con sus sucias manos lo deja hecho un asco.
Por si no bastara tanta mierda espacial con denominación de origen terrícola, ahora empiezan los accidentes de tráfico entre los más de siete mil artilugios (vulgarmente llamados satélites) que hemos enviado al espacio para poder espiarnos mejor los unos a los otros o, todavía peor, para poder visionar la basura que echan las televisiones. También sirven para otros menesteres no menos gloriosos, pero no es cosa de hacer aquí un listado de todas las degeneraciones satelizadoras del esperpéntico ingenio humano. El caso es que a unos 800 kms conforme se sale de la Tierra, a mano izquierda, dos satélites chocaron brutalmente. El uno era ruso y el otro norteamericano. No se sabe quién tuvo la culpa del encontronazo por la cosa de saber a quién le corresponde correr con los gastos, pero lo sabido es que de resultas del accidente tropecientos cachos de chatarra han quedado esparcidos en forma de nube, con lo que está prácticamente garantizado que habrá nuevos accidentes de tráfico. No teníamos bastante con los que fabricamos diariamente en el planeta, que encima los hemos trasplantado también al extrarradio terrestre. ¡Si es que somos una especie que la caga cada vez que tiene una gran idea!
La solución del problema que se avecina no es nada fácil. Somos expertos en crear problemas sin solución. Pensamos en el más acá en vez de en el más allá, que es adonde iremos todos, tarde o temprano. Así que como necesitamos mucha energía para despilfarrarla habitualmente en bagatelas y memeces, construimos centrales nucleares que generan unos residuos radioactivos que durarán miles de años. Los que vengan detrás de nosotros, que se aguanten y arreen. Y como nos hacía mucha ilusión ver a algunos de nuestros congéneres luciendo tipito en el espacio espacial, hemos poblado el más cercano con miles de cacharros carísimos que, una vez estropeados, quedarán vagando en su órbita por los siglos de los siglos, amén. Las generaciones venideras que resuelvan el problema.
En fin, que a quien habría que enviar al espacio y sin billete de regreso, es a mucho gobernante, fabricante, ilusionista, empresario, científico y tonto del culo. Para que se den un garbeo eterno orbitando a unos cientos de kilómetros de nuestras casas. Mientras tanto, mejor fueran pensando en idear una máquina que –subida a los altares espaciales- sea capaz de jalarse toda la basura y chatarra inútil que tenemos en los alrededores terráqueos. No nos basta con ser los seres vivos más cerdícolas del planeta que encima queremos serlo del Sistema Solar. Nuestras ínfulas de grandeza acabarán por convertirnos en los seres más despreciables del barrio galáctico.
Tampoco en la Luna había ningún bicho viviente al que matar, maltratar o domesticar, así que el objetivo se puso más lejano: Marte. No sabemos si algún milenio de estos el bichejo humano también desvirgará al planeta que más ha salido en las películas de Hollywood, aún sabiendo que los marcianitos no existen. Los ánimos por la conquista se han enfriado bastante pues un simple viaje de turismo no es igual que uno para someter a lejanas civilizaciones, aunque sean vulgares animalillos monocelulares. Aún así, el rastro de la humanidad va quedando indeleble e imborrable en el espacio que rodea la Tierra: miles y miles de trozos de restos metálicos procedentes de satélites, naves espaciales y otros cacharros voladores, abandonados a su suerte en el nuevo estercolero espacial pues el humano es un ser bastante guarrindongo y todo lo que toca con sus sucias manos lo deja hecho un asco.
Por si no bastara tanta mierda espacial con denominación de origen terrícola, ahora empiezan los accidentes de tráfico entre los más de siete mil artilugios (vulgarmente llamados satélites) que hemos enviado al espacio para poder espiarnos mejor los unos a los otros o, todavía peor, para poder visionar la basura que echan las televisiones. También sirven para otros menesteres no menos gloriosos, pero no es cosa de hacer aquí un listado de todas las degeneraciones satelizadoras del esperpéntico ingenio humano. El caso es que a unos 800 kms conforme se sale de la Tierra, a mano izquierda, dos satélites chocaron brutalmente. El uno era ruso y el otro norteamericano. No se sabe quién tuvo la culpa del encontronazo por la cosa de saber a quién le corresponde correr con los gastos, pero lo sabido es que de resultas del accidente tropecientos cachos de chatarra han quedado esparcidos en forma de nube, con lo que está prácticamente garantizado que habrá nuevos accidentes de tráfico. No teníamos bastante con los que fabricamos diariamente en el planeta, que encima los hemos trasplantado también al extrarradio terrestre. ¡Si es que somos una especie que la caga cada vez que tiene una gran idea!
La solución del problema que se avecina no es nada fácil. Somos expertos en crear problemas sin solución. Pensamos en el más acá en vez de en el más allá, que es adonde iremos todos, tarde o temprano. Así que como necesitamos mucha energía para despilfarrarla habitualmente en bagatelas y memeces, construimos centrales nucleares que generan unos residuos radioactivos que durarán miles de años. Los que vengan detrás de nosotros, que se aguanten y arreen. Y como nos hacía mucha ilusión ver a algunos de nuestros congéneres luciendo tipito en el espacio espacial, hemos poblado el más cercano con miles de cacharros carísimos que, una vez estropeados, quedarán vagando en su órbita por los siglos de los siglos, amén. Las generaciones venideras que resuelvan el problema.
En fin, que a quien habría que enviar al espacio y sin billete de regreso, es a mucho gobernante, fabricante, ilusionista, empresario, científico y tonto del culo. Para que se den un garbeo eterno orbitando a unos cientos de kilómetros de nuestras casas. Mientras tanto, mejor fueran pensando en idear una máquina que –subida a los altares espaciales- sea capaz de jalarse toda la basura y chatarra inútil que tenemos en los alrededores terráqueos. No nos basta con ser los seres vivos más cerdícolas del planeta que encima queremos serlo del Sistema Solar. Nuestras ínfulas de grandeza acabarán por convertirnos en los seres más despreciables del barrio galáctico.
== VIDEOTECA ==
BUENAFUENTE - BASURA ESPACIAL
miércoles, 11 de febrero de 2009
CUENTECILLOS PUÑETEROS: LA ESCOPETA JUSTICIERA
11.2.09 Por Juan Puñetas
Los dos venados pacían bonachonamente a orillas del charco. “Ojalá que la crisis económica que padece el país dure toda la eternidad” –dijo el ciervo más viejecito. “No te entiendo, tito” –replicó el otro, que como era bastante más joven, aún desconocía muchas verdades de la vida. “Sí, querido, como los humanos están sin un duro, no les quedan ganas ni dinero para coger el coche, traerse sus escopetas y municiones y entretenerse un día disparándonos desde todos los rincones, a traición y con alevosía, para así saciar su sed de sangre animal. Los muy mamones se dicen amantes de la paz, del planeta y de todo bicho viviente. Hay que joderse… Como si nosotros no fuéramos bichos también y nuestro destino fuese simplemente ayudar a pasar un rato divertido a estos tipos tan anormales”. “Tienes razón, tito. Se creen los reyes de la creación porque poseen un cerebro un poco más evolucionado a fuerza de machacar al resto de los seres vivos, incluidos los de su misma especie, que es el colmo de la imbecilidad. Pero si es como dices y las dificultades económicas que ahora pasan hacen disminuir el número de cazadores y de gente que viene a matarnos, que la crisis no acabe nunca”. Pasaron varias horas hablando tranquilamente de sus cosas íntimas y despotricando sobre sus mayores enemigos: esos hombres con escopetas al hombro. El día había amanecido estupendamente gris y frío, lo que hacía presagiar una encantadora jornada pues los humanos odian las incomodidades climatológicas. En esto que empezaron a oír cierto murmullo a lo lejos. Con el instinto que tantas veces les había salvado la vida, salieron corriendo hacia el escondite especialmente preparado para las situaciones de riesgo y peligro. Quizás estaban siendo demasiado optimistas. El número de cazadores, en el último año, había decrecido de manera altamente satisfactoria aunque les llegaban rumores de que la matanza de piezas más preciadas para el estómago humanoide estaba aumentando alarmantemente. Escondidos en su refugio vieron pasar muy cerca a un tropel de bípedos irracionales cargados de armamento hasta los dientes. Nuestros cérvidos no perdían ojo ni oído. “Ministro, ¿siguen los jueces empeñados en hacerle huelga?” –se oyó a escasos metros. “Es una huelga ilegal, pero dejemos los problemas cotidianos que aquí vengo con mi amigo Garzón a echar un rato agradable disparando a todo lo que se mueva”. Los ciervos se miraron temblorosos, procurando evitar hacer el más leve ruido. Cuando la comitiva ya se encontraba a cierta distancia, el venado más viejo miró a su sobrino y le dijo con la innata sabiduría de los de su especie: “Se me había olvidado que la crisis no afecta a los políticos y aquí tienes una prueba. Con un poco de suerte lograremos ver amanecer mañana”.
Enlace patrocinado por la Sociedad “Animales sin Fronteras y Hombres sin Escopetas”.
domingo, 8 de febrero de 2009
¡PA QUÉ CUIDÁ LA ORTOGRAFÍA!
8.2.09 Por Juan Puñetas
Cuando hablo con algunos profesores de la cosa deseducativa, todos coinciden al unísono: “Mira, Puñetas, antes la asignatura que nos traía de cabeza a los docentes y a los alumnos eran las matemáticas; ahora ha tomado el relevo el lenguaje. Y da lo mismo que sea la lengua española, que la inglesa que la china: los chavales no se enteran de nada”.
Sería interesante que cualquiera de los múltiples gobiernillos que pululan y chupan la sangre en este puñetero país se gastase el dinero en investigar el porqué de esta observación mayoritaria de los maestros que tanto repercute negativamente en nuestro presente y futuro educativo. Un suponer: la Generalitat catalana, en vez de invertir un potosí en informes tales como “Elaboración de diez argumentos para el fomento de juguetes no sexistas” (11.948 €), “Diseño de parchís y puzzle de la casita de cartón recortable” (11.368 €) o “Proyecto fabulario sobre brujas y brujos” (12.000 €), bien podría solicitar uno (y pagarlo con un par de millones de €, de los que la mitad irían a dónde ustedes ya se imaginan) sobre “¿Por qué la asignatura de Lengua es el coco de nuestras escuelas?" (*)
Mientras a alguien se le ocurre investigar, y haciéndome eco del clásico refrán de que “lo que se come, se cría”, tiene uno la impresión que con tanta tecnología, artefacto y cachirulo moderno los chaveas han puesto en circulación sus conexiones neuronales matemáticas, mejorando el rendimiento -habitualmente desastroso- de tiempos pasados. Sin embargo, la disminución de los niveles de lectura reposada, el influjo de las imágenes y secuencias audiovisuales ultrarrápidas que no dejan ni pensar (la pe con la a… pi), el deterioro de la conversación, el hundimiento del correo escrito de papel y boli, los medios de comunicación repletos de gente experta en darle patadas al diccionario, el uso de malas traducciones del inglés que han pasado a formar parte de nuestro paisaje lingüístico, el fomento de la mensajería electrónica, la pérdida de conocimientos y contenidos intelectuales, la escasa importancia que se da a la expresión oral y escrita, la uniformidad social (todos hacemos y pensamos lo mismo), la introducción de más idiomas (también pésimamente aprendidos), que en vez de transferir habilidades y conocimientos se interfieren mutuamente, etc han hecho que el uso del lenguaje actual ande como las fregonas: por los suelos.
Cualquier abuelete habla infinitamente mejor que sus nietos, aunque éstos tengan la mayoría de edad. Escuchar a inmigrantes latinoamericanos te sumerge en una envidia sana por el buen uso que hacen todavía del idioma común. Leer a un escritor más o menos clásico levanta el ánimo a cualquier amante del buen lenguaje. Son las excepciones porque la sensación general –a falta de conclusiones más o menos científicas e independientes- es que la gran mayoría vamos retrocediendo en civilización e inteligencia, una vez superado el cenit de nuestra evolución bípeda. Tan optimista como siempre, el Puñetas intuye que el futuro lejano traerá de nuevo al viejo hombre de Cromagnon, atontado e idiotizado por las nuevas y futuras tecnologías, capaz sólo de comunicarse por señas, gritos (en las telecacas ya se ven algunos de estos especímenes) o mediante símbolos gráficos... no muy dificilillos.
Me siguen diciendo los camaradas docentes: “Puñetas, es que algunos chavales no saben más de 300 palabras, que usan a modo de comodín para cualquier cosa. Leer rápido, suelen hacerlo, pero la mayor parte de las veces no comprenden lo que pasa delante de sus ojos, ni entienden las ideas principales de un texto. Peor aún es su expresión escrita, donde no existen concordancias ni una secuenciación lógica de las frases, por no hablar de la escasez de imaginación. Y la ortografía, no digamos, Puñetas, esa sí que ya es una causa perdida. Ni dictados, ni reglas ortográficas, ni nada de nada. Muchos son incapaces de retener las correctas grafías de las palabras porque les falta vocabulario, no saben aplicar los conceptos teóricos aprendidos, no leen habitualmente y, además, les da igual”.
Andan desesperados los pobrecicos maestros (bueno, no todos, que algunos tampoco leen mucho, escribir les cuesta horrores y la ortografía la tienen sujeta en el cerebro con pinzas de tender la ropa) y no parece que haya signos de mejoría futura. Incluso los finlandeses, que son líderes en las últimas pruebas de diagnóstico educativo, son tuertos en un mundo de ciegos. Hoy mismo, sin salir de mi cortijillo andaluz, donde ocupamos los últimos lugares de la tabla, como mandan los cánones y los intereses del poder político (a mayor tontuna y analfabetismo del ciudadano, mejor vidorra del gobernante instalado en la propaganda perpetua) me he encontrado dos ejemplos de mala ortografía que tiran para atrás. Y eso que hablamos de campañas publicitarias municipales o de un gobiernillo autonómico. Da igual, algunos han descubierto que las mayúsculas no existen y que todo vale. (Vean detenidamente las imágenes de la viñeta. Juzguen especialmente el anuncio de la EMT malagueña, tanto en la ortografía como en la sintaxis. Un ejemplo de libro de cómo está el patio de descarriado).
(*) Juro por mis antepasados que el título y el coste es real, si el diario ABC no miente en su edición escrita del 31/01/2009 referida a publicaciones anteriores.
== VIDEOTECA ==
WOODY ALLEN ASALTA UN BANCO CON FALTAS DE ORTOGRAFÍA
jueves, 5 de febrero de 2009
OTRA DE DON SEBAS
5.2.09 Por Juan Puñetas
Una de las últimas cosillas de Miguel Sebastián, ministro de Industria, Turismo y Comercio (sectores a los que acabará hundiendo en la miseria) fue un Real Decreto de Noviembre 2008, realizado con la chapucería que caracteriza al personaje, por el que se establecía que las facturas de la luz deberían pasar a ser mensuales, aunque la lectura de los datos podía seguir siendo bimestral. La medida iba encaminada a favorecer a las eléctricas y a fastidiar a los consumidores, aunque en lenguaje sebastianesco “la facturación mensual está diseñada para ayudar a los ciudadanos”. En primer lugar porque las citadas compañías se han dedicado a interpretar a su antojo dicho Decreto aprovechándose que en el Ministerio de don Sebas escriben con renglones torcidos o, más bien, lo de escribir clarito como el agua no se les da muy bien. Así la primera lectura estimada ha tirado hacia lo alto en algunas comunidades, con el correspondiente grito en el cielo de numerosos consumidos consumidores. El caprichito de pasar al cobro los recibos cada mes (moda a la que se han apuntado otras empresas) nos fastidia un montón pues aparte de duplicar innecesariamente la burocracia hace que se dupliquen los gastos bancarios ya que las entidades financieras suelen cobrar comisiones por el cobro de recibos, algunas directamente y otras bajo el eufemismo de “gastos de correo”. Es decir, que a precios de 2009, el sólo hecho de pasar a cobrarse ahora mensualmente los recibos de la luz supone para el consumidor un incremento anual de unos 2 euros en comisiones bancarias. Dos eurillos tirados a la basura gracias a las geniales ideas de don Sebas. Sumen otros tantos de los recibos que antes también eran bimensuales y fueron o van a pasar a mensuales (teléfono, basura, gas, agua, etc) y tendremos una cantidad que bien podríamos ahorrar para gastárnosla en pipas. (¡Gracias, don Miguel, es usted un genio en el asuntillo de fastidiarnos el bolsillo!). En julio, otra vez volverá a subirnos la luz…
martes, 3 de febrero de 2009
LA LEY DEL EMBUDO
3.2.09 Por Juan Puñetas
El otro día algunos ciudadanos se cayeron del guindo al ver cómo un pequeño empresario amenazaba con pegarse fuego delante del Ayuntamiento de Loeches porque los que lo desgobiernan le deben 400.000 eurillos de nada, una minucia, una fruslería que puede esperar cuatro u ocho años porque el que manda, manda y el que no, que se joda. Si todos los que están en idéntica situación a la del depresivo empresario hiciesen lo mismo, pero acabasen finalmente por pegarse fuego o hacerlo al Consistorio deudor, nos quedábamos en cuatro días sin empresarios y sin Ayuntamientos.
Es una vergüenza que quienes exigen al ciudadano que cumpla con sus funciones fiscales y deudoras con celeridad y en los plazos legales fijados, se salten luego la norma cuando ellos han de aplicarse el cuento. La golfada debe provocarles mucho gustirrinín, pero a los que no tragamos que las varas de medir sean distintas según quienes las apliquen, nos parece que debería dárseles un escarmiento a estos morosos empedernidos. No es cuestión de no votarles porque casi todos hacen lo mismo. Tampoco de mandarles el cobrador del frac porque llaman a la policía y enchironan a quien ose reclamarles algo (a ellos, dios, que velan por nuestras almas y bolsillos día y noche, noche y día). Tienen tan cubiertas las espaldas (ellos son la ley, pobre Montesquieu) que la única opción del ciudadano medio o del modesto empresario que va tirando como puede con su pequeña o mediana empresa, sería mandarlos a la merde (no sirve para nada, pero desahoga mucho). Yo añadiría no reírles las gracias, ningunearles en la lisonja y el baboseo, tomarlos a pitorreo, pasar de ellos, olímpicamente, tal como ellos hacen de nosotros.
Nadie cuantificará la cantidad de miles de trabajadores y de empresas que están en el paro y en la ruina porque estos fulleros no han pagado sus deudas a tiempo. Nadie los meterá en la cárcel y mucho menos los inhabilitará para desempeñar cualquier carguete de “servicio” a la comunidad. La ley del embudo que ejerce el poder es intocable: lo maneja por el lado ancho para su beneficio mientras que el estrecho lo aplica al resto de la tropa a la que –encima- tiene la desfachatez de llamarle “ciudadanía”. Sí, sí… Hablan y no paran de la burbuja inmobiliaria y bancaria pero la gran burbuja, el burbujón, lo forman ellos, grandísimos deudores (con dinero ajeno, encima) que, en cambio, tienen la desfachatez de multarnos a los pobres curritos en cuanto nos pasamos un minuto del día en que acaba el plazo del IBI, de la basura, de la renta, de la multa de tráfico y de la madre que los parió. (Señor, señor, el Puñetas está perdiendo su habitual flema británica…).
Es una vergüenza que quienes exigen al ciudadano que cumpla con sus funciones fiscales y deudoras con celeridad y en los plazos legales fijados, se salten luego la norma cuando ellos han de aplicarse el cuento. La golfada debe provocarles mucho gustirrinín, pero a los que no tragamos que las varas de medir sean distintas según quienes las apliquen, nos parece que debería dárseles un escarmiento a estos morosos empedernidos. No es cuestión de no votarles porque casi todos hacen lo mismo. Tampoco de mandarles el cobrador del frac porque llaman a la policía y enchironan a quien ose reclamarles algo (a ellos, dios, que velan por nuestras almas y bolsillos día y noche, noche y día). Tienen tan cubiertas las espaldas (ellos son la ley, pobre Montesquieu) que la única opción del ciudadano medio o del modesto empresario que va tirando como puede con su pequeña o mediana empresa, sería mandarlos a la merde (no sirve para nada, pero desahoga mucho). Yo añadiría no reírles las gracias, ningunearles en la lisonja y el baboseo, tomarlos a pitorreo, pasar de ellos, olímpicamente, tal como ellos hacen de nosotros.
Nadie cuantificará la cantidad de miles de trabajadores y de empresas que están en el paro y en la ruina porque estos fulleros no han pagado sus deudas a tiempo. Nadie los meterá en la cárcel y mucho menos los inhabilitará para desempeñar cualquier carguete de “servicio” a la comunidad. La ley del embudo que ejerce el poder es intocable: lo maneja por el lado ancho para su beneficio mientras que el estrecho lo aplica al resto de la tropa a la que –encima- tiene la desfachatez de llamarle “ciudadanía”. Sí, sí… Hablan y no paran de la burbuja inmobiliaria y bancaria pero la gran burbuja, el burbujón, lo forman ellos, grandísimos deudores (con dinero ajeno, encima) que, en cambio, tienen la desfachatez de multarnos a los pobres curritos en cuanto nos pasamos un minuto del día en que acaba el plazo del IBI, de la basura, de la renta, de la multa de tráfico y de la madre que los parió. (Señor, señor, el Puñetas está perdiendo su habitual flema británica…).
domingo, 1 de febrero de 2009
EL ACONTECIMIENTO (2 DE 2)
1.2.09 Por Juan Puñetas
Las calles se quedaron vacías. Ni por la rúe del Funeral ni por la de Todo a Cien se veía un transeúnte. Todo el mundo estaba hacinado delante del Ayuntamiento. Cada cual buscaba, en dura pugna con los demás, el sitio más estratégico desde donde poder ver el espectáculo lo más estupendamente posible. Algunos chavales su subieron a las farolas, pero como las pobres estaban muy debiluchas, todos se fueron al suelo originando las risas del respetable.
-¡Que salga el ministro, que salga el ministro! –gritaba a coro todo el pueblo congregado.
Eran las cinco y cuarto y el Ministro aún no había salido al balcón municipal.
-¿Qué estará haciendo ese pelmazo? –dijo un chavalín de 34 años que sólo levantaba dos palmos del suelo (de ahí lo de chavalín).
-Seguramente estará preparando el discurso…
Pasó un ratillo y, al fin, en el balcón, apareció la oronda figura del alcalde de Piedragorda en compañía del señor ministro.
-¡Ciudadanos todos…! –empezó diciendo el alcalde con muy poca originalidad mientras que el pueblo le aclamaba y aclamaba-. Os he reunido aquí para presentaros al nuevo ministro…
-¡Que hable, que hable…! –rugía todo el pueblo a la vez.
-Señor ministro –le dijo el alcalde a la superior autoridad- se ha ganado usted en unos minutos la confianza y la fe del pueblo que tan eficazmente yo gobierno. Le felicito. ¿Ve como mis ciudadanos son como todos los ciudadanos del mundo? Y ahora, le dejo sólo señor ministro. Ya puede usted empezar su discurso…
-Pero… -balbuceó el ministro al ver que el alcalde le dejaba más solo que la una en el balcón municipal.
El pueblo, expectante, seguía todos los movimientos oculares, labiales y manuales de la autoridad, sin perderse detalle.
-¡Piedragordanos todos! –empezó por decir el señor ministro. Pero ya no dijo más porque, desde ese momento, empezaron a lloverle tomates, melones, pimientos, berenjenas, patatas…
El acontecimiento duró treinta y cinco segundos escasos. El tiempo justo en que el señor ministro logró ponerse a salvo de los disparos y cantazos que le llegaban desde todos los rincones de la Plaza Mayor. Una vez que logró escabullirse hacia el interior, el pueblo, lentamente, empezó a retornar a sus casas y a sus faenas habituales.
-¡Ya hemos aporreado a otro político! –iban felicitándose todos los piedragornanos.
Contentos y más felices que unas pascuas, caminaban en todas las direcciones. Mientras, a lo lejos, aún resonaban los ecos de las palabras del alcalde: “¿Ve cómo mis ciudadanos son como todos los ciudadanos del mundo?"
PD: Esta historieta fue escrita por el primo del Puñetas cuando sólo tenía diez añitos, en pleno franquismo. ¡Desde que era un mocoso ya apuntaba maneras tan bajas y rastreras!
-¡Que salga el ministro, que salga el ministro! –gritaba a coro todo el pueblo congregado.
Eran las cinco y cuarto y el Ministro aún no había salido al balcón municipal.
-¿Qué estará haciendo ese pelmazo? –dijo un chavalín de 34 años que sólo levantaba dos palmos del suelo (de ahí lo de chavalín).
-Seguramente estará preparando el discurso…
Pasó un ratillo y, al fin, en el balcón, apareció la oronda figura del alcalde de Piedragorda en compañía del señor ministro.
-¡Ciudadanos todos…! –empezó diciendo el alcalde con muy poca originalidad mientras que el pueblo le aclamaba y aclamaba-. Os he reunido aquí para presentaros al nuevo ministro…
-¡Que hable, que hable…! –rugía todo el pueblo a la vez.
-Señor ministro –le dijo el alcalde a la superior autoridad- se ha ganado usted en unos minutos la confianza y la fe del pueblo que tan eficazmente yo gobierno. Le felicito. ¿Ve como mis ciudadanos son como todos los ciudadanos del mundo? Y ahora, le dejo sólo señor ministro. Ya puede usted empezar su discurso…
-Pero… -balbuceó el ministro al ver que el alcalde le dejaba más solo que la una en el balcón municipal.
El pueblo, expectante, seguía todos los movimientos oculares, labiales y manuales de la autoridad, sin perderse detalle.
-¡Piedragordanos todos! –empezó por decir el señor ministro. Pero ya no dijo más porque, desde ese momento, empezaron a lloverle tomates, melones, pimientos, berenjenas, patatas…
El acontecimiento duró treinta y cinco segundos escasos. El tiempo justo en que el señor ministro logró ponerse a salvo de los disparos y cantazos que le llegaban desde todos los rincones de la Plaza Mayor. Una vez que logró escabullirse hacia el interior, el pueblo, lentamente, empezó a retornar a sus casas y a sus faenas habituales.
-¡Ya hemos aporreado a otro político! –iban felicitándose todos los piedragornanos.
Contentos y más felices que unas pascuas, caminaban en todas las direcciones. Mientras, a lo lejos, aún resonaban los ecos de las palabras del alcalde: “¿Ve cómo mis ciudadanos son como todos los ciudadanos del mundo?"
PD: Esta historieta fue escrita por el primo del Puñetas cuando sólo tenía diez añitos, en pleno franquismo. ¡Desde que era un mocoso ya apuntaba maneras tan bajas y rastreras!
martes, 27 de enero de 2009
EL ACONTECIMIENTO (1 DE 2)
27.1.09 Por Juan Puñetas
¡Tolón, tolón, tolón!
La voz sonora y grave de la campana del Ayuntamiento de Piedragorda tiñó con su ritmo monótono, pero bien audible, el cielo azul de aquel mísero pueblo. Sus habitantes, como accionados por un misterioso y profundo resorte, abandonaron con prontitud sus labores y obligaciones cotidianas tomando pronto las de Villadiego (la calle por la que se desemboca a la plaza del Ayuntamiento). Sólo los duros de oído, tirando a sordos, se quedaron con los brazos cruzados y sin hacer nada, porque como apenas oyen nada… Sin embargo, pronto comprendieron lo que tenían que hacer.
-Pero, ¿qué haces ahí parado y sin arreglarte, abuelete? –gritaba un mozalbete travieso al padre de su padre.
-Pues, ¿qué pasa, jovenzuelo? –respondía el abuelo unos minutos más tarde, después de haberle hecho repetir al chaval diez veces la pregunta.
-¡Tolón, tolón, tolón! –volvía a gritar el mozo, acompañándose de ilustrativos gestos.
-¡Ah, el tolón, tolón! ¡Haberlo dicho antes, caracoles!
Esta reacción general de afluencia inmediata hacia la plaza del Ayuntamiento no se hizo esperar, pasase lo que pasase…
-¿Oyes, Manolo? –preguntó la mujer del lechero a su marido (el lechero, naturalmente)- ¿Oyes? Nos llama el Ayuntamiento…
-Nos llama la vaca, mujer. Seguramente tendrá ya las tetas a rebosar.
-¿Olvidas que hoy es su día de descanso, según marca el convenio, y que por tanto no va a dejar que le manejes las ubres? –le replicó la mujer.
-Pues tienes razón, querida. ¡Nos llama el Ayuntamiento!

Dándole una patada al cubo de agua con que estaba adulterando la leche, se fue con su esposa a la Plaza Mayor para no perderse el acontecimiento anunciado. El barbero tampoco le fue a la zaga:
-¡Pero hombre - protestó el cliente- ¿cómo me va a dejar a medio pelar?
-Vuelva usted mañana y le pelaré la otra mitad –le respondió el barbero blandiendo en la mano izquierda la navaja de trasquilar.
-¿Pero usted comprende –volvió a protestar el cliente- que yo puedo salir así a la calle, con una patilla más larga que otra y con más pelo en el cogote que en la coronilla?
Pese a las protestas el barbero no dio un tijeretazo más y colgando en la puerta el letrero “Cerrado hasta que se vuelva a abrir” se largó con pelo fresco en dirección al Ayuntamiento. Algo parecido sucedió en la tienda de comestibles:
-Pero deme usted ya ese medio litrejo de vino…
-Lo siento, señora. ¿No ha oído usted el tolón, tolón?
-Sí, lo he oído, pero no creo que tarde usted mucho en despacharme medio litro de tintorro…
-Lo siento, señora, venga usted mañana.
-En fin –dijo resignada la mujer- esta noche beberemos agua…
-No se preocupe, que no notará mucho la diferencia… -terminó por decir el dependiente, medio cabreado.
Este fenómeno de abandonar todo lo que en ese instante se estaba haciendo para acudir a la llamada tolón, tolonera, ocurrió en todo el pueblo. La madre que estaba dando de mamar al pequeñuelo cortó el suministro lácteo y lo depositó en la cuna al cuidado del gato. El joven que estaba haciendo “pis” en ese momento, aligeró la evacuación para no perderse ni pizca del acontecimiento. La muchacha que estaba hablando por teléfono con su novio le dejó a medias la declaración de amor: "te quiero más que al Real Madrid, pichurri". El practicante, que estaba en esos momentos poniendo un par de banderillas en el trasero del director del banco, le abandonó dejándole el par a media asta. En fin, nadie quería perderse el solemne acontecimiento que iba a tener lugar en la Plaza Mayor donde se ubicaba el Ayuntamiento. Incluso el dentista del pueblo, que estaba sacando la muela del juicio a la directora del psiquiátrico, pretendió interrumpir la extracción para asistir al acontecimiento.
-¿Pero cómo la va usted a dejar a tres cuartos? –le espetó el marido, que era matemático.
-No se preocupen. Si dentro de media hora estoy otra vez de vuelta…
-¿Y si se muere?
-¡Que espere un poco, oiga! ¡Tampoco es mucho lo que le pido!
El matemático sacó una navaja de 42 centímetros de larga por 6 milímetros de ancha y el dentista no tuvo más remedio que chincharse. Cuentan las crónicas que, a consecuencia de la frustración, días después le entró una depresión de caballo. El acontecimiento anunciado hizo perder la chaveta a más de medio pueblo.
CONTINUARÁ...-¡Pero hombre - protestó el cliente- ¿cómo me va a dejar a medio pelar?
-Vuelva usted mañana y le pelaré la otra mitad –le respondió el barbero blandiendo en la mano izquierda la navaja de trasquilar.
-¿Pero usted comprende –volvió a protestar el cliente- que yo puedo salir así a la calle, con una patilla más larga que otra y con más pelo en el cogote que en la coronilla?
Pese a las protestas el barbero no dio un tijeretazo más y colgando en la puerta el letrero “Cerrado hasta que se vuelva a abrir” se largó con pelo fresco en dirección al Ayuntamiento. Algo parecido sucedió en la tienda de comestibles:
-Pero deme usted ya ese medio litrejo de vino…
-Lo siento, señora. ¿No ha oído usted el tolón, tolón?
-Sí, lo he oído, pero no creo que tarde usted mucho en despacharme medio litro de tintorro…
-Lo siento, señora, venga usted mañana.
-En fin –dijo resignada la mujer- esta noche beberemos agua…
-No se preocupe, que no notará mucho la diferencia… -terminó por decir el dependiente, medio cabreado.
Este fenómeno de abandonar todo lo que en ese instante se estaba haciendo para acudir a la llamada tolón, tolonera, ocurrió en todo el pueblo. La madre que estaba dando de mamar al pequeñuelo cortó el suministro lácteo y lo depositó en la cuna al cuidado del gato. El joven que estaba haciendo “pis” en ese momento, aligeró la evacuación para no perderse ni pizca del acontecimiento. La muchacha que estaba hablando por teléfono con su novio le dejó a medias la declaración de amor: "te quiero más que al Real Madrid, pichurri". El practicante, que estaba en esos momentos poniendo un par de banderillas en el trasero del director del banco, le abandonó dejándole el par a media asta. En fin, nadie quería perderse el solemne acontecimiento que iba a tener lugar en la Plaza Mayor donde se ubicaba el Ayuntamiento. Incluso el dentista del pueblo, que estaba sacando la muela del juicio a la directora del psiquiátrico, pretendió interrumpir la extracción para asistir al acontecimiento.
-¿Pero cómo la va usted a dejar a tres cuartos? –le espetó el marido, que era matemático.
-No se preocupen. Si dentro de media hora estoy otra vez de vuelta…
-¿Y si se muere?
-¡Que espere un poco, oiga! ¡Tampoco es mucho lo que le pido!
El matemático sacó una navaja de 42 centímetros de larga por 6 milímetros de ancha y el dentista no tuvo más remedio que chincharse. Cuentan las crónicas que, a consecuencia de la frustración, días después le entró una depresión de caballo. El acontecimiento anunciado hizo perder la chaveta a más de medio pueblo.
domingo, 25 de enero de 2009
DEL OBSCENO CULTO AL LÍDER
25.1.09 Por Juan Puñetas
Prefiere el Puñetas mil veces a una persona independiente, crítica, medianamente objetiva y serena de ánimo a una aplaudidora, partidista, claramente subjetiva y fácilmente irritable. Uno no sabe por qué paisajes deambula la verdad y la razón, pero sí intuye que bien lejos de los habituales meapilas, cantamañanas, aplaudidores, pelotas y babosines del poder, que cada vez abundan más que las malas hierbas.
Leo hoy una entrevista en el diario EL MUNDO a un tal Tomás Gómez, del que el periódico resalta el siguiente titular: “En España ya hay un Obama. Se llama Jose Luis Rodríguez Zapatero”. Hete aquí a un pelotillero de campeonato –me dije- antes de comprobar que quien decía semejante sandez era el Secretario General del PSOE de Madrid. Otra entrevista : “Zapatero es un líder en la lucha contra el hambre”. Así pelotea la camarada Soraya Rodríguez, Secretaria de Estado de Cooperación Internacional. Digámoslo alto, claro y hasta con mayúsculas: EL CULTO AL LÍDER ES, SENCILLAMENTE, OSBCENO. (En esta línea, lo que estamos viviendo estos meses con el nuevo Presi de los EEUU es rigurosamente patético).
Uno comprende los méritos que los subalternos han de hacer ante el jefe y que el deslumbramiento que produce estar en un cargo o puesto político/laboral probablemente inmerecido (el mayor mérito suele ser “pertenecer al partido gobernante y ser amigo de un amigo del líder”) obnubila la mente y convierte en rey a quien es un simple paje, pero cuando el halago riza el esperpento entonces la natural comprensión deviene en puro cachondeo e irritación.
Emparentado con lo antedicho recojo un artículo de Jose María Carrascal, publicado hoy en el diario conservador ABC, que ilustra sobre ese esperpéntico culto o idolatría al líder, haciendo de la cruda realidad una mentira piadosa, cuando no convirtiéndola en simple fantasmagoría.
“(…) Una actriz de cuyo nombre no quiero acordarme declaraba hace poco que «en derechos civiles, España gana a Francia». Demostrando no saber qué ocurre en España, donde ha nacido o qué ocurre en Francia, donde ha rodado alguna película. Aunque lo más probable es que no sepa lo que son los derechos civiles. Derechos civiles no es tener unas leyes audaces y rutilantes como joyas que se exhiben ante las amistades. Derechos civiles es que no le dejen a uno tres días, o tres horas, tirado en un aeropuerto sin darle explicaciones. Derechos civiles es contar con una justicia que resuelva nuestras demandas en un plazo razonable, sin tener que esperar años a verlas resueltas. Derechos civiles es poder enviar nuestros hijos a una escuela pública donde se enseñe en el idioma común a todo el Estado. Derechos civiles es poder elegir el diputado que va a representarnos en el Parlamento, al que podamos dirigir nuestras quejas, con la garantía de que serán atendidas.
Derechos civiles es tener asegurado el descanso nocturno, sin que se vea disturbado por un local ruidoso en las inmediaciones, por una panda de adolescentes vocingleros o incluso por la algarabía organizada por las autoridades de nuestro barrio o municipio, financiada encima con nuestro dinero. Derechos civiles es disponer de una enseñanza pública de calidad, que permita a todos los niños y niñas del país alcanzar una preparación suficiente para obtener un empleo al nivel de su inteligencia y aplicación. Derechos civiles es que todos los ciudadanos paguen los mismos impuestos y no haya partes del territorio nacional que aporten menos a los gastos comunes. Esos son los derechos civiles en Francia y en todas las democracias desarrolladas, mientras en España pueden estar en la letra de las leyes, pero no en la práctica de la calle, y algunos de ellos, ni siquiera eso, ya que hemos consagrado constitucionalmente la desigualdad tributaria, algo que va contra la esencia misma del estado de derecho (…).
En cualquier caso, reducir los derechos civiles a los matrimonios homosexuales y a la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, como hace la aludida actriz, no es tomar el rábano por las hojas, que sería hasta cierto punto disculpable dado su horizonte intelectual, sino confundir el culo con las témporas, dicho sea sin segundas.”
Leo hoy una entrevista en el diario EL MUNDO a un tal Tomás Gómez, del que el periódico resalta el siguiente titular: “En España ya hay un Obama. Se llama Jose Luis Rodríguez Zapatero”. Hete aquí a un pelotillero de campeonato –me dije- antes de comprobar que quien decía semejante sandez era el Secretario General del PSOE de Madrid. Otra entrevista : “Zapatero es un líder en la lucha contra el hambre”. Así pelotea la camarada Soraya Rodríguez, Secretaria de Estado de Cooperación Internacional. Digámoslo alto, claro y hasta con mayúsculas: EL CULTO AL LÍDER ES, SENCILLAMENTE, OSBCENO. (En esta línea, lo que estamos viviendo estos meses con el nuevo Presi de los EEUU es rigurosamente patético).
Uno comprende los méritos que los subalternos han de hacer ante el jefe y que el deslumbramiento que produce estar en un cargo o puesto político/laboral probablemente inmerecido (el mayor mérito suele ser “pertenecer al partido gobernante y ser amigo de un amigo del líder”) obnubila la mente y convierte en rey a quien es un simple paje, pero cuando el halago riza el esperpento entonces la natural comprensión deviene en puro cachondeo e irritación.
Emparentado con lo antedicho recojo un artículo de Jose María Carrascal, publicado hoy en el diario conservador ABC, que ilustra sobre ese esperpéntico culto o idolatría al líder, haciendo de la cruda realidad una mentira piadosa, cuando no convirtiéndola en simple fantasmagoría.
“(…) Una actriz de cuyo nombre no quiero acordarme declaraba hace poco que «en derechos civiles, España gana a Francia». Demostrando no saber qué ocurre en España, donde ha nacido o qué ocurre en Francia, donde ha rodado alguna película. Aunque lo más probable es que no sepa lo que son los derechos civiles. Derechos civiles no es tener unas leyes audaces y rutilantes como joyas que se exhiben ante las amistades. Derechos civiles es que no le dejen a uno tres días, o tres horas, tirado en un aeropuerto sin darle explicaciones. Derechos civiles es contar con una justicia que resuelva nuestras demandas en un plazo razonable, sin tener que esperar años a verlas resueltas. Derechos civiles es poder enviar nuestros hijos a una escuela pública donde se enseñe en el idioma común a todo el Estado. Derechos civiles es poder elegir el diputado que va a representarnos en el Parlamento, al que podamos dirigir nuestras quejas, con la garantía de que serán atendidas.
Derechos civiles es tener asegurado el descanso nocturno, sin que se vea disturbado por un local ruidoso en las inmediaciones, por una panda de adolescentes vocingleros o incluso por la algarabía organizada por las autoridades de nuestro barrio o municipio, financiada encima con nuestro dinero. Derechos civiles es disponer de una enseñanza pública de calidad, que permita a todos los niños y niñas del país alcanzar una preparación suficiente para obtener un empleo al nivel de su inteligencia y aplicación. Derechos civiles es que todos los ciudadanos paguen los mismos impuestos y no haya partes del territorio nacional que aporten menos a los gastos comunes. Esos son los derechos civiles en Francia y en todas las democracias desarrolladas, mientras en España pueden estar en la letra de las leyes, pero no en la práctica de la calle, y algunos de ellos, ni siquiera eso, ya que hemos consagrado constitucionalmente la desigualdad tributaria, algo que va contra la esencia misma del estado de derecho (…).
En cualquier caso, reducir los derechos civiles a los matrimonios homosexuales y a la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, como hace la aludida actriz, no es tomar el rábano por las hojas, que sería hasta cierto punto disculpable dado su horizonte intelectual, sino confundir el culo con las témporas, dicho sea sin segundas.”
jueves, 22 de enero de 2009
LO QUE TENEMOS, Y LO QUE SE AVECINA, VECINA...
22.1.09 Por Juan Puñetas
Dice muy sabiamente el refranero que “cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. Sólo son las primeras pero vendrán más. El Estado de California, uno de los más ricos de los EEUU, ha entrado en bancarrota: no tiene un puto dólar para devolver impuestos, subvenciones a familias necesitadas, becas, costear servicios públicos… La insolvencia de las cuentas públicas es total, adeudando casi 4.000 millones a los ciudadanos. El déficit fiscal es superior a los 42.000 millones de dólares. El gobernador del Estado, un tal Arnold Schwarzenegger (que mejor regresase al cine, donde tiene más éxito) está con la soga al cuello y ningún guionista de Hollywood va a conseguir que la peli de terror acabe bien por arte de magia. La interrogación es clara: ¿Quiénes seguirán el camino de California, dentro y fuera de los USA?
Claro que si un Estado tan rico como el californiano se ve con estos harapos, echen cuentas de cómo podemos vernos en Spain muy pronto. Andalucía, por ejemplo, cuyos gobernantuchos siempre han visto en California el modelo al que aspirar. “Andalucía será la California de Europa” –decían año tras año para embaucar al personal, habitualmente creyente. Queridos trileros, ya os falta menos para conseguirlo.
El porvenir, no es por nada, se avecina más negro que Obama. Cada día cientos de empresas cierran o despiden a personal. Como la cigarra de la fábula, en los numerosos años de bonanza económica no ahorraron nada (los beneficios se los gastaron en farras y salvas); llegado el crudo invierno aquellos que debieron ahorrar cuando las vacas gordísimas, no tienen fondos en la caja fuerte. Ahora la solución es la clásica de toda la vida: usar a los trabajadores como si fueran colillas o pañuelos de limpiarse los mocos. Los que deben tomar medidas para controlar y enderezar el entuerto –evitando que se aplique el capitalismo más salvaje- sólo tienen como genial idea que compremos productos de la tierra. Si piensan igual los millones de turistas extranjeros que nos visitan cada año (milagrosamente el turismo todavía se mantiene vivito y coleando), se quedarán en su casita y nos vamos a enterar de lo que es el hundimiento del Titanic. Así que, dales ideas, Miguelito, ministrito de Industria sin Industria, dales ideas… Del que se encarga (es un decir) de la macro economía nada se espera salvo que un día aparezca extraviado en alguna Oficina de objetos perdidos. (¿Y qué se sabe de los 17 ministrillos de Economía de las respectivas autonomías? Ni arriman el hombro ni se les conocen grandes ideas o actuaciones. Ellos se limitan a cobrar a fin de mes, que no es poco esfuerzo). A lo sumo, la colorida y atiborrada troupe de politicastros o parásitos que padecemos, pierde el culo por controlar las Cajas de Ahorros o concentrarlas en beneficio propio y de sus respectivas sectas (partidos). En Madrid, hay un cacao tremendo por mangonear en exclusiva Caja Madrid como si fuera propiedad de los gobernantes. En Andalucía, andan buscando la fusión de las cajas para asegurarse todavía más el control, aún a costa de disminuir la competencia y la oferta al ciudadano.
El día que estalle la burbuja autonómica (ese dragón con 17 espumosas y gastonas cabezas), lo de California va a ser de juguete, aunque auguramos que –llegado el caso- los máximos responsables del desastre seguirán dando muestras del cinismo habitual mientras los curritos seremos quienes nos comeremos las piedras. Un ejemplo es lo que está pasando con la próxima huelga de jueces. Quienes tienen más responsabilidad en el caos judicial (gobiernos, legisladores, consejos del poder judicial y mandamases varios) se lavan las manos y tachan de irresponsables a los jueces de a pie, que son quienes tienen que bregar todos los días con las infraestructuras decimonónicas aún vigentes por culpa de aquellos. Eso sí, el ministro del ramo, no hace mucho, se gastó un pastón del erario público para arreglar el pisito en que vivirá gratis total hasta que lo cesen. En fin, el mundo al revés, donde los golfos se las dan de juiciosos y los que sufren el caos encima tienen que aguantar que les echen la culpa de todo.
Mientras tanto, que no falte carnaza al personal para que se distraiga y no vea que Roma se quema mientras la lira tañe bellas trolas. El Parlamento sigue de vacaciones (en realidad está casi todo el año) y lo que priva es el sucedáneo del intercambio televisivo con cien ciudadanos hábilmente filtrados y decantados para que –en la telecaca pública- pregunten al Presidente Profidén las cosas más peregrinas: ¿Cuánto vale un café? Y mientras a la madre que dio un bofetón al niñato de su hijo de doce años le aumentan a 67 los días de cárcel y a un año y 67 días la prohibición de ejercer de madre, España aparece como el país predilecto por la Camorra. Y es que, para las minucias son muy exigentes y "echaos palante" pero para los asuntos de comer y de la seguridad se la cogen con papel de fumar. ¡Qué país y qué paisanaje, que decía el clásico!
Claro que si un Estado tan rico como el californiano se ve con estos harapos, echen cuentas de cómo podemos vernos en Spain muy pronto. Andalucía, por ejemplo, cuyos gobernantuchos siempre han visto en California el modelo al que aspirar. “Andalucía será la California de Europa” –decían año tras año para embaucar al personal, habitualmente creyente. Queridos trileros, ya os falta menos para conseguirlo.
El porvenir, no es por nada, se avecina más negro que Obama. Cada día cientos de empresas cierran o despiden a personal. Como la cigarra de la fábula, en los numerosos años de bonanza económica no ahorraron nada (los beneficios se los gastaron en farras y salvas); llegado el crudo invierno aquellos que debieron ahorrar cuando las vacas gordísimas, no tienen fondos en la caja fuerte. Ahora la solución es la clásica de toda la vida: usar a los trabajadores como si fueran colillas o pañuelos de limpiarse los mocos. Los que deben tomar medidas para controlar y enderezar el entuerto –evitando que se aplique el capitalismo más salvaje- sólo tienen como genial idea que compremos productos de la tierra. Si piensan igual los millones de turistas extranjeros que nos visitan cada año (milagrosamente el turismo todavía se mantiene vivito y coleando), se quedarán en su casita y nos vamos a enterar de lo que es el hundimiento del Titanic. Así que, dales ideas, Miguelito, ministrito de Industria sin Industria, dales ideas… Del que se encarga (es un decir) de la macro economía nada se espera salvo que un día aparezca extraviado en alguna Oficina de objetos perdidos. (¿Y qué se sabe de los 17 ministrillos de Economía de las respectivas autonomías? Ni arriman el hombro ni se les conocen grandes ideas o actuaciones. Ellos se limitan a cobrar a fin de mes, que no es poco esfuerzo). A lo sumo, la colorida y atiborrada troupe de politicastros o parásitos que padecemos, pierde el culo por controlar las Cajas de Ahorros o concentrarlas en beneficio propio y de sus respectivas sectas (partidos). En Madrid, hay un cacao tremendo por mangonear en exclusiva Caja Madrid como si fuera propiedad de los gobernantes. En Andalucía, andan buscando la fusión de las cajas para asegurarse todavía más el control, aún a costa de disminuir la competencia y la oferta al ciudadano.
El día que estalle la burbuja autonómica (ese dragón con 17 espumosas y gastonas cabezas), lo de California va a ser de juguete, aunque auguramos que –llegado el caso- los máximos responsables del desastre seguirán dando muestras del cinismo habitual mientras los curritos seremos quienes nos comeremos las piedras. Un ejemplo es lo que está pasando con la próxima huelga de jueces. Quienes tienen más responsabilidad en el caos judicial (gobiernos, legisladores, consejos del poder judicial y mandamases varios) se lavan las manos y tachan de irresponsables a los jueces de a pie, que son quienes tienen que bregar todos los días con las infraestructuras decimonónicas aún vigentes por culpa de aquellos. Eso sí, el ministro del ramo, no hace mucho, se gastó un pastón del erario público para arreglar el pisito en que vivirá gratis total hasta que lo cesen. En fin, el mundo al revés, donde los golfos se las dan de juiciosos y los que sufren el caos encima tienen que aguantar que les echen la culpa de todo.
Mientras tanto, que no falte carnaza al personal para que se distraiga y no vea que Roma se quema mientras la lira tañe bellas trolas. El Parlamento sigue de vacaciones (en realidad está casi todo el año) y lo que priva es el sucedáneo del intercambio televisivo con cien ciudadanos hábilmente filtrados y decantados para que –en la telecaca pública- pregunten al Presidente Profidén las cosas más peregrinas: ¿Cuánto vale un café? Y mientras a la madre que dio un bofetón al niñato de su hijo de doce años le aumentan a 67 los días de cárcel y a un año y 67 días la prohibición de ejercer de madre, España aparece como el país predilecto por la Camorra. Y es que, para las minucias son muy exigentes y "echaos palante" pero para los asuntos de comer y de la seguridad se la cogen con papel de fumar. ¡Qué país y qué paisanaje, que decía el clásico!
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